miércoles, 7 de febrero de 2018
Y tú, ¿prefieres la caña o la canasta?
Pedro, Manuel e Iván eran muy buenos amigos a pesar de sus diferencias, ya que Iván era muy rico, Manuel era un as de la pesca y Pedro el pobre, ni rico ni especialmente dotado, compartía con sus amigos el amor por la pesca y sobre todo degustar los mejores pescados. Como Manuel era muy hábil con la caña, tanto Pedro como Iván le pidieron que les ayudaran y les enseñaran a pescar, a lo que Manuel accedió encantado de compartir con sus amigos un hobby tan apasionante. Pero Iván, que a a pesar del sentimiento de amistad que tenía por Manuel, creía que era muy fino para estar haciendo el tonto encima de una barcaza, sobre todo el día que se cayó al agua al intentar sujetar un pez con la caña para no perderlo. Pensó:¡Alguien de mi alcurnia no debe perder el tiempo con estas tonterías, ya mando a mi mayordomo a que pesque y nos traiga una canasta a cada uno! Pedro estaba indeciso, porque quería aprender a pescar, pero por otro lado la comodidad de disponer de pescado sin mover un dedo le atraía mucho. Al final, y como Manuel no estaba de acuerdo, él seguía pescando sus peces con su caña y su barcaza, y ofreció muchas veces a Iván enseñarle a pescar, y también a Pedro, pero éste se había acomodado y quedaba con Iván, dejando de lado a Manuel, y de vez en cuando obsequiaba a Iván con lo poco que podía comprar con su mísero sueldo, apenas quedaban ya con Pedro. El fraude piramidal de Forum Filatélico dejó a Iván en la ruina, Pedro seguía con su triste existencia y ya, previendo que iba a necesitar a Manuel, quiso llamarle para quedar, pero nadie contestaba. Decidido a pedir disculpas por lo interesado que había sido, Pedro se acercó a donde solían pescar juntos, y vio a Manuel con nuevos amigos, pasándoselo bien y quiso llamar su atención, pero Manuel estaba demasiado entretenido y alegre como para hacerle caso. Pedro tuvo que esperar a que anocheciera y atracaran en el puerto para poder hablar con Manuel y le salió al paso cuando éste se dirigía a su coche para regresar a casa con un par de amigos.
¿Puedo hablar contigo? - Preguntó Pedro.
Depende, tengo prisa.
¡Ya veo, bueno, me alegro que hayas encontrado buenos amigos!
No es tan difícil, Pedro, pero bueno, ¿qué tal todo?
Sigo tirando, y no sé si sabes lo que le pasó a Iván...bueno, no sé si sigues hablando con él.
Más bien es él quien dejó de tratar conmigo y no sé por qué, no os hice nada a ninguno
Ya, bueno, me dejé llevar por él..
No, Pedro, no es su culpa. Yo te ofrecí la caña, la oportunidad de crecer, de aprender a ser independiente, de superarte, y tu preferiste la canasta de pescado que te ofreció Iván, la comodidad de no tener que hacer nada ni esforzarte, fue lo único que viste, lo único que fuiste capaz de agradecer, no el tiempo que dediqué a enseñarte solo por que si, por amistad. No le eches la culpa a Iván de ofrecerte la canasta, asume tu culpa por aceptarla y conformarte. Ahora déjame, prefiero dedicar mi tiempo a quienes saben aprovechar el tiempo y valoran lo que hago por ellos, no tengo tiempo para personas que ni se esfuerzan ni agradecen nada.
Hay muchos alumnos que prefieren al profesorado que les regala los aprobados, aquellos en cuya asignatura no hacen nada y por tanto no aprenden nada antes que a quienes sacan tiempo hasta de donde no tienen, sacan tiempo hasta de estar con sus hijos, para darles una segunda oportunidad y hacerles una recuperación extra, pero el alumnado de ese tipo, que sí agradece que le regalen todo, cuando eso no requiere esfuerzo ninguno fuera del horario del centro, y no agradece en absoluto al profesor o a la profesora que ha dejado de dormir para hacer un examen de recuperación extra que no tenía ni que haber hecho porque ese alumno ya había agotado todas las recuperaciones.
Esta es la mejor forma de conseguir que un profesor no regale ni un segundo extra de su trabajo a los ingratos y se limite a hacer lo justo y estrictamente necesario, porque haga lo que haga, siempre van a valorar lo que les regale el otro. Y quien lo quiera coger, que lo coja...
miércoles, 17 de julio de 2013
Masters en lecciones de la vida
Mi corta estancia en el I.E.S. Candido Marante Expósito, si bien poco afortunada desde sus comienzos, fue muy prolífica en cuanto a experiencias vitales y a lecciones a aprender, incluso a un precio muy alto. Puedo lamentarme de la extraña sucesión de señales negativas que parecían confabular para conseguir que el retorno a un centro y a un pueblo que adoraba fuera no solo decepcionante, sino que además dejara una amarga impronta, muy difícil de borrar, incluso a pesar del encuentro con personas tan queridas para mi como Ico, Ardenio, Teresa, Lubia, Pedro, Loly, y varias compañeras de departamento. Pero no voy a lamentarme, quiero aprender, y para aprender hay que recordar, y para recordar he creado esta entrada, para enumerar las lecciones que tan caras y amargas me han salido.
A) Máster en "Entre mis funciones como tutor no está la función de recoger el dinero de las orlas". Coste:84€. He aprendido que es un marrón que se tiene que comer el/la vicedirector/a y punto, que cobra por cargo directivo. Que se coma él/ella ese marrón. Nadie puede obligarme a asumir esa función porque no pueden, es una tarea que se realiza de forma altruista por las buenas para descargar al/a la vicedirector/a y que tenga menos trabajo aunque cobre mas que un/a profesor/a normal, pero que, si falta dinero,aunque no sea culpa del/de la tutor/a,te venderá como Judas, a pesar de hacer su trabajo. Así que que se joda y haga el trabajo por el que le/a pagan.
B) Máster en "Si quieres que compre algo para el centro, dame el dinero".Coste:18€. Jamás comprar algo para el departamento o el centro adelantando con mi dinero para que me pague luego el instituto, porque el instituto puede dejarte con el culo al aire y no pagarte. Sin el dinero que puse para las copas, tanto las alumnas de infantil, como del TASS, tanto la directora del I.E.S Cándido Marante Expósito, como el Sr. Alcalde de San Andrés y Sauces habrían tenido que beber y brindar a estilo porrón, pero, una vez brindado, le negamos el dinero a Gustavo. Hay que ser miserables.
C) Máster en "aprende a que en una guerra, si no escoges un bando, otros te lo asignan por defecto". He pagado, desde el principio, y sin ser culpable de nada, por la guerra interna existente entre el equipo directivo del centro y el departamento de Servicios Socioculturales y a la Comunidad, y el único que ha salido malparado he sido yo, cuando lo único que he pretendido era mantenerme al margen, porque, para apenas 2 meses que iba a estar, no quería buscarme problemas con nadie, solo hacer mi trabajo y ya está, pero nada, los pleitos me han buscado a mi.
lunes, 18 de julio de 2011
La utilidad de la crisis
¿La crisis económica actual tiene una utilidad? ¿Para quién? Desde luego que no para el ciudadano de a pie, el que tiene que hacer malabarismos para llegar a fin de mes, ni mucho menos para aquellos/as infelices que ven como los banqueros, los mismos sinvergüenzas que han generado la crisis y que encima se ven beneficiados por ella, no contentos con embargarles la vivienda que llevan pagando hasta ahora con mucho sacrificio, sino que encima pretenden cobrarles más dinero.
La sociedad está dividida, entre quienes se han quedado sin nada, y quienes suspiran de alivio por tener todavía algo, y ese egoísmo es un cáncer que va a acabar por rasgar el ya raído tejido que aun mantiene unida la sociedad.
En medio de este escenario, pienso en las famosas profecías mayas y en toda la parafernalia que se ha montado en torno al 2012, y pienso que si hay un fin del mundo, ése ha comenzado hace mucho tiempo, desde que se ha dejado a los banqueros tener el poder que ahora tienen sobre la economía mundial, que ponen y quitan dirigentes, y manejan los hilos, el fin del mundo se acerca más y más con cada familia se queda en la calle y sin recursos, desamparada, por culpa de una banca cada vez más avariciosa, y de un Estado Español que deja a los españoles con el culo al aire, a su propia merced, frente al despotismo bancario.
Y entonces, como un rayo de inspiración, viene a mi mente una idea, al principio difusa, difícil de definir con palabras, pero que va cobrando forma.
¿Y si nos sorprendiera un cataclismo mundial mientras estamos preocupados por la crisis económica, llegar a fin de mes, pagar la hipoteca...? ¿Seríamos capaces de responder a tiempo, de salvar nuestras vidas, de generar pánico y anarquía en las calles, o simplemente aparecería un tsunami de repente, de la nada, y nos arrollaría sin darnos tiempo de actuar, con la mente todavía pensando en cómo pagar la hipoteca?
No nos daría tiempo de coger los bártulos, ni de hacer las maletas, ni de organizar revueltas, ni de volcar nuestra rabia y frustración contra el gobierno que nos ha ocultado información vital, aunque no sirviera de nada,porque nuestros políticos ya se habrían puesto a salvo en algún búnker secreto...las ratas son las primeras en abandonar el barco.
No es que pretenda creer en cataclismos a nivel mundial, pero me hago muchas preguntas, como:
¿le conviene a los banqueros y políticos y dirigentes tenernos ocupados con llegar a fin de mes para que no nos preocupemos por algún posible cataclismo mundial que podría generar revueltas que acabaran con su poder?
¿le conviene a los dirigentes políticos, reyes y reinas, ocultarnos información vital sobre algún cataclismo que pueda venir?
¿serían capaces de dejarnos a nuestra merced, dejar que muramos "en aras de asegurar el buen futuro de la especie humana"? (si fuera así, ¿acaso sus genes están más adaptados al medio que los míos?)
Y la respuesta que me viene a la mente, a la vista del egoísmo humano que aparece cada vez más y más evidente, especialmente en la clase política, en forma de luchas de poder, tramas de corrupción, tanto descubiertas como por descubrir....la respuesta es SÍ, SÍ, SI.
La crisis es el ingrediente perfecto para mantener a millones de habitantes en España y en el resto del mundo preocupados por el trabajo, la hipoteca, e incapaz de reaccionar y revolverse contra sus líderes por dejarles desamparados frente a cualquier catástrofe, tanto económica, como natural: tsunamis, terremotos, impacto de meteoritos, fusil de clatratos, emisión de sulfuros a la atmósfera....
La sociedad está dividida, entre quienes se han quedado sin nada, y quienes suspiran de alivio por tener todavía algo, y ese egoísmo es un cáncer que va a acabar por rasgar el ya raído tejido que aun mantiene unida la sociedad.
En medio de este escenario, pienso en las famosas profecías mayas y en toda la parafernalia que se ha montado en torno al 2012, y pienso que si hay un fin del mundo, ése ha comenzado hace mucho tiempo, desde que se ha dejado a los banqueros tener el poder que ahora tienen sobre la economía mundial, que ponen y quitan dirigentes, y manejan los hilos, el fin del mundo se acerca más y más con cada familia se queda en la calle y sin recursos, desamparada, por culpa de una banca cada vez más avariciosa, y de un Estado Español que deja a los españoles con el culo al aire, a su propia merced, frente al despotismo bancario.
Y entonces, como un rayo de inspiración, viene a mi mente una idea, al principio difusa, difícil de definir con palabras, pero que va cobrando forma.
¿Y si nos sorprendiera un cataclismo mundial mientras estamos preocupados por la crisis económica, llegar a fin de mes, pagar la hipoteca...? ¿Seríamos capaces de responder a tiempo, de salvar nuestras vidas, de generar pánico y anarquía en las calles, o simplemente aparecería un tsunami de repente, de la nada, y nos arrollaría sin darnos tiempo de actuar, con la mente todavía pensando en cómo pagar la hipoteca?
No nos daría tiempo de coger los bártulos, ni de hacer las maletas, ni de organizar revueltas, ni de volcar nuestra rabia y frustración contra el gobierno que nos ha ocultado información vital, aunque no sirviera de nada,porque nuestros políticos ya se habrían puesto a salvo en algún búnker secreto...las ratas son las primeras en abandonar el barco.
No es que pretenda creer en cataclismos a nivel mundial, pero me hago muchas preguntas, como:
¿le conviene a los banqueros y políticos y dirigentes tenernos ocupados con llegar a fin de mes para que no nos preocupemos por algún posible cataclismo mundial que podría generar revueltas que acabaran con su poder?
¿le conviene a los dirigentes políticos, reyes y reinas, ocultarnos información vital sobre algún cataclismo que pueda venir?
¿serían capaces de dejarnos a nuestra merced, dejar que muramos "en aras de asegurar el buen futuro de la especie humana"? (si fuera así, ¿acaso sus genes están más adaptados al medio que los míos?)
Y la respuesta que me viene a la mente, a la vista del egoísmo humano que aparece cada vez más y más evidente, especialmente en la clase política, en forma de luchas de poder, tramas de corrupción, tanto descubiertas como por descubrir....la respuesta es SÍ, SÍ, SI.
La crisis es el ingrediente perfecto para mantener a millones de habitantes en España y en el resto del mundo preocupados por el trabajo, la hipoteca, e incapaz de reaccionar y revolverse contra sus líderes por dejarles desamparados frente a cualquier catástrofe, tanto económica, como natural: tsunamis, terremotos, impacto de meteoritos, fusil de clatratos, emisión de sulfuros a la atmósfera....
Etiquetas:
2012,
cataclismo,
crisis,
políticos
lunes, 13 de diciembre de 2010
Te acepto si y solo si o cuando...
a) hagas lo que te pido que hagas sin pensártelo dos veces, aunque hacerlo dañe tu autoestima y autorrespeto, bien de forma directa o bien subrepticia y enmascarada.
b) aceptes que mis pocas o muchas virtudes son mucho mejores que todo lo que tú tienes y consideras como virtud, capacidad, habilidad y/o talento, que lo que yo tengo es mucho mejor que lo qué tú tienes, y que eres nadie, que eres "una caca" a mi lado.
c) aceptes que tus defectos son mucho peores y más graves que los míos.
d) aceptes que soy mejor persona, mejor todo que tú, más inteligente, más culto/a, más cariñoso/a, etc., y que solo existes para rendirme culto y apoyarme cuando te necesito, pero sin esperar que yo esté cuando me necesitas, ni echármelo en cara siquiera cuando consideres que te "he fallado", porque me harás enfadar actuando como un rencoroso, Gustavo.
Me he topado con personas así en mi vida, personas sin escrúpulos, ruines, mezquinas y egocéntricas. Y con mucha paciencia, tesón, sufrimiento, sabiduría y comprensión he aprendido las lecciones que la vida me había puesto en mi camino en forma de estas personas. Por eso, y para cerrar el círculo definitivamente, solo les digo: ¡ Gracias!
¿Por qué gracias?
- Porque solo cuando he sentido que me aceptaban con condiciones, he aprendido que la amistad y el amor auténticos son sentimientos que se basan en la aceptación incondicional de la otra persona.
- Porque solo cuando he sentido que buscaban mi amistad por interés he aprendido que tanto la amistad como el amor, cuando son auténticos, son desinteresados y buscan solo la felicidad de la otra persona sin esperar nada a cambio.
- Porque solo cuando me he sentido manipulado, forzado y mangoneado, he aprendido que el mejor amigo de mí mismo siempre seré yo, y que por eso debo ofrecer un fuerte ¡NO! como respuesta a quien/es, en nombre de la amistad, intenten hacerme chantaje emocional, coaccionarme, y forzarme a hacer algo que va contra mis propios principios, valores y dignidad como persona. Porque la amistad se basa en la libertad, el respeto, la tolerancia y la aceptación incondicional del otro, con sus virtudes y defectos.
- Porque solo cuando he estado a punto de desmoronarme y caer en la dependencia emocional, o perderme a mí mismo, me he dado cuenta de mi valía personal y de que no tengo necesidad de nadie que sepa "verme" salvo yo mismo. Aprendí que, mientras yo sepa verme a mí mismo, el resto del mundo también sabrá hacerlo también.Y para eso tengo que quitarme el lastre del miedo al rechazo, porque nadie puede rechazarme si yo no se lo permito, todo lo más me podrá decir que NO, pero nunca rechazarme, porque la etiqueta "rechazo" la pone uno mismo.
- Porque aprendí, cuando he estado a punto de quedarme sin un ápice de autoestima, que esas personas se sienten amenazadas por mi autoestima, mi brillo personal, mi luz y mi brillante personalidad, ya que tanto mi autoestima como mi personalidad, cuando se muestran sin miedo al rechazo, tienen un brillo intenso y característico de lo que es genuino y auténtico, mientras que la personalidad de esas personas tóxicas se basa en opacar o apagar completamente la personalidad de otros para ser ellos/as quienes brillen.
- Porque aprendí que, del mismo modo que había personas tan mezquinas, ruines, egocéntricas, prepotentes y acomplejadas, tendría que haber, por fuerza, personas humildes y sabias, cariñosas, amistosas, desinteresadas y amorosas. Y así ha sido.
Si soy capaz de decir gracias a las personas que tan duramente me han enseñado las lecciones antes enumeradas, no voy a ahorrarme halagos para con quienes me han enseñado que hay personas diferentes en quienes se puede confiar y con quien se puede contar, empezando por mi novia, Paula, mis amigos en Fuerteventura: Antonio, Inma, Roberto, Loly, Irene, Marcial; mis amigos en La Palma: Valentín, Ico, Ardenio, Irene,Ana Gloria, y muchos/as de mis alumnos/as, que también me han enseñado en estos años de docencia, porque me han hecho sentir satisfecho conmigo mismo y útil, me han hecho sentir aceptado y querido. Y eso, después de la clase de personas que habían aparecido en mi vida hasta ahora, se percibe y agradece de otra forma mucho más profunda, que no permite dar ya nada por sentado.
¿ El quid de mi problema?
Veía a esas personas "con ego inflamado" tan seguras de sí mismas que creía que tendrían algo importante que enseñarme y que compartir conmigo, y buscaba a toda costa su amistad, pensando que, puesto que parecían tan interesantes e inteligentes, también serían igual de humildes (porque no concibo sabiduría que no vaya unida a la humildad, ya que, al fin y al cabo, solo una persona prepotente es lo suficientemen- te necia como para creer a pies juntillas que no tiene nada nuevo que aprender),y que tendrían cosas que enseñar, compartir y aportar. Por eso yo mordía siempre el anzuelo. Esas personas vieron mi motivación, mis cualidades, y también una autoestima aún maleable que podía ser pisoteada si se me manejaba con astucia. Les di una importancia que no se merecían. Les dediqué un tiempo que no se merecían. Les dediqué una atención que no se merecían y, por supuesto, les hice caso y seguí sus pésimos consejos cuando mi propia sabiduría me aconseja muchísimo mejor. He sido cómplice pasivo de esas personas por darles una importancia, un tiempo, una atención y un poder sobre mí que jamás debieron tener, y por eso tanto mi anterior reflexión, como ésta, a pesar de su tono agresivo es una declaración de intenciones a la vez que una vía de desahogo y transmutación personal.
Porque solo cuando se admite un error públicamente se abre la vía para el cambio verdadero, con humildad, voluntad y sabiduría.
Asimismo, es la mejor forma que he encontrado de gritar un fuerte ¡NO! a las personas con ego inflamado o enfermo, prepotentes, manipuladoras, que gustan de jugar con los demás, para decirles que he aprendido la lección y que ya no podrán jugar conmigo nunca más, porque, me ofrezcan lo que me ofrezcan para engancharme y tenerme a su merced, siempre será peor que lo que yo tengo para ofrecerme a mí mismo, empezando por mi tiempo y una auténtica aceptación de mí mismo que no necesita ni acepta sucedáneos.
b) aceptes que mis pocas o muchas virtudes son mucho mejores que todo lo que tú tienes y consideras como virtud, capacidad, habilidad y/o talento, que lo que yo tengo es mucho mejor que lo qué tú tienes, y que eres nadie, que eres "una caca" a mi lado.
c) aceptes que tus defectos son mucho peores y más graves que los míos.
d) aceptes que soy mejor persona, mejor todo que tú, más inteligente, más culto/a, más cariñoso/a, etc., y que solo existes para rendirme culto y apoyarme cuando te necesito, pero sin esperar que yo esté cuando me necesitas, ni echármelo en cara siquiera cuando consideres que te "he fallado", porque me harás enfadar actuando como un rencoroso, Gustavo.
Me he topado con personas así en mi vida, personas sin escrúpulos, ruines, mezquinas y egocéntricas. Y con mucha paciencia, tesón, sufrimiento, sabiduría y comprensión he aprendido las lecciones que la vida me había puesto en mi camino en forma de estas personas. Por eso, y para cerrar el círculo definitivamente, solo les digo: ¡ Gracias!
¿Por qué gracias?
- Porque solo cuando he sentido que me aceptaban con condiciones, he aprendido que la amistad y el amor auténticos son sentimientos que se basan en la aceptación incondicional de la otra persona.
- Porque solo cuando he sentido que buscaban mi amistad por interés he aprendido que tanto la amistad como el amor, cuando son auténticos, son desinteresados y buscan solo la felicidad de la otra persona sin esperar nada a cambio.
- Porque solo cuando me he sentido manipulado, forzado y mangoneado, he aprendido que el mejor amigo de mí mismo siempre seré yo, y que por eso debo ofrecer un fuerte ¡NO! como respuesta a quien/es, en nombre de la amistad, intenten hacerme chantaje emocional, coaccionarme, y forzarme a hacer algo que va contra mis propios principios, valores y dignidad como persona. Porque la amistad se basa en la libertad, el respeto, la tolerancia y la aceptación incondicional del otro, con sus virtudes y defectos.
- Porque solo cuando he estado a punto de desmoronarme y caer en la dependencia emocional, o perderme a mí mismo, me he dado cuenta de mi valía personal y de que no tengo necesidad de nadie que sepa "verme" salvo yo mismo. Aprendí que, mientras yo sepa verme a mí mismo, el resto del mundo también sabrá hacerlo también.Y para eso tengo que quitarme el lastre del miedo al rechazo, porque nadie puede rechazarme si yo no se lo permito, todo lo más me podrá decir que NO, pero nunca rechazarme, porque la etiqueta "rechazo" la pone uno mismo.
- Porque aprendí, cuando he estado a punto de quedarme sin un ápice de autoestima, que esas personas se sienten amenazadas por mi autoestima, mi brillo personal, mi luz y mi brillante personalidad, ya que tanto mi autoestima como mi personalidad, cuando se muestran sin miedo al rechazo, tienen un brillo intenso y característico de lo que es genuino y auténtico, mientras que la personalidad de esas personas tóxicas se basa en opacar o apagar completamente la personalidad de otros para ser ellos/as quienes brillen.
- Porque aprendí que, del mismo modo que había personas tan mezquinas, ruines, egocéntricas, prepotentes y acomplejadas, tendría que haber, por fuerza, personas humildes y sabias, cariñosas, amistosas, desinteresadas y amorosas. Y así ha sido.
Si soy capaz de decir gracias a las personas que tan duramente me han enseñado las lecciones antes enumeradas, no voy a ahorrarme halagos para con quienes me han enseñado que hay personas diferentes en quienes se puede confiar y con quien se puede contar, empezando por mi novia, Paula, mis amigos en Fuerteventura: Antonio, Inma, Roberto, Loly, Irene, Marcial; mis amigos en La Palma: Valentín, Ico, Ardenio, Irene,Ana Gloria, y muchos/as de mis alumnos/as, que también me han enseñado en estos años de docencia, porque me han hecho sentir satisfecho conmigo mismo y útil, me han hecho sentir aceptado y querido. Y eso, después de la clase de personas que habían aparecido en mi vida hasta ahora, se percibe y agradece de otra forma mucho más profunda, que no permite dar ya nada por sentado.
¿ El quid de mi problema?
Veía a esas personas "con ego inflamado" tan seguras de sí mismas que creía que tendrían algo importante que enseñarme y que compartir conmigo, y buscaba a toda costa su amistad, pensando que, puesto que parecían tan interesantes e inteligentes, también serían igual de humildes (porque no concibo sabiduría que no vaya unida a la humildad, ya que, al fin y al cabo, solo una persona prepotente es lo suficientemen- te necia como para creer a pies juntillas que no tiene nada nuevo que aprender),y que tendrían cosas que enseñar, compartir y aportar. Por eso yo mordía siempre el anzuelo. Esas personas vieron mi motivación, mis cualidades, y también una autoestima aún maleable que podía ser pisoteada si se me manejaba con astucia. Les di una importancia que no se merecían. Les dediqué un tiempo que no se merecían. Les dediqué una atención que no se merecían y, por supuesto, les hice caso y seguí sus pésimos consejos cuando mi propia sabiduría me aconseja muchísimo mejor. He sido cómplice pasivo de esas personas por darles una importancia, un tiempo, una atención y un poder sobre mí que jamás debieron tener, y por eso tanto mi anterior reflexión, como ésta, a pesar de su tono agresivo es una declaración de intenciones a la vez que una vía de desahogo y transmutación personal.
Porque solo cuando se admite un error públicamente se abre la vía para el cambio verdadero, con humildad, voluntad y sabiduría.
Asimismo, es la mejor forma que he encontrado de gritar un fuerte ¡NO! a las personas con ego inflamado o enfermo, prepotentes, manipuladoras, que gustan de jugar con los demás, para decirles que he aprendido la lección y que ya no podrán jugar conmigo nunca más, porque, me ofrezcan lo que me ofrezcan para engancharme y tenerme a su merced, siempre será peor que lo que yo tengo para ofrecerme a mí mismo, empezando por mi tiempo y una auténtica aceptación de mí mismo que no necesita ni acepta sucedáneos.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Sobre mí...
Soy una persona interesante, con muchos valores y muchas virtudes, con muchas habilidades, capacidades y talentos, que he menospreciado y he infravalorado simplemente porque no me daba cuenta de ellos, o porque muchas personas que se topaban en mi camino presumían tanto de sus virtudes y de sus habilidades y talentos que me hacían sentir que los míos valían muy poco o nada al lado de los de esas personas.
He cometido el fatal error de permitir que la mirada del otro me cerrara caminos, me hiciera perder oportunidades, y, lo que es más triste y grave a la vez, me impidiera mostrarme tal cual soy.
Siempre suelo obrar buscando el bien no solo mío sino global, y agradar a los demás, no sólo por amabilidad, sino también, y aprovecho para reconocer públicamente y así cambiar, por temor al rechazo, y ese pequeño fallo, ese miedo, ha sido el camino que han encontrado algunas personas sin escrúpulos para llegar hasta mí y aprovecharse de mi buena voluntad, dejando de paso una huella de odio y dolor en mi alma. Es absurdo negar que pudieran conseguir eso sin ayuda, puesto que yo he tenido bastante que ver, yo he participado también dándoles un poder sobre mí que jamás habrían obtenido de no ser por mi miedo al rechazo.
He tenido la entereza de poner al final a esas personas donde les corresponde, pero a un alto precio, que no estoy dispuesto a seguir pagando, y es el de seguir contando con la opinión de los demás para caminar.
¿Hasta qué punto me importa la opinión de los demás si cuando más he necesitado a alguien a mi lado he estado solo?
¿Hasta qué punto puedo necesitar agradar a los demás o evitar el rechazo, si realmente me he demostrado a mí mismo de sobra y con eficiencia mi capacidad para poder enfrentarme a las peores situaciones de la vida a solas conmigo mismo?
Tengo todos los recursos suficientes y sobrados para que me resbale todo lo que los demás digan de mí.
Porque cuando necesite la ayuda de alguien sé que puedo contar con mi compañía aunque el resto del mundo me falle.
Tengo todos los recursos suficientes y sobrados para ser yo mismo, con sobrada autoestima, seguridad en mi mismo y confianza en mí mismo, optimismo, etc., aunque otros/as puedan sentirse cegados/as por mi luz o enfadados/as por haber brillado sin su permiso, o envidiosos/as de mis capacidades. Tengo plena consciencia de mi valía, aunque otros/as intenten echarla abajo presumiendo de sus propias capacidades y virtudes al tiempo que intentan hacerme creer que valen más que las mías.
Porque ahora soy consciente de que solo podrán ganar si me hacen creer que valen más que yo. Cuanto más intenten menospreciar mis habilidades, capacidades, aptitudes, actitudes, pensamientos, creencias, valores, y talentos, tanto más me estarán mostrando su baja autoestima y complejos de inseguridad e inferioridad, contribuyendo a reforzar mi valía ante ellos/as.
Ya solo busco agradar a quien me agrade realmente.
Solo busco justificarme, si es que necesito hacerlo, ante quien/es me importan realmente.
Quien me rechaza por como soy, no se merece formar parte de mi vida, y me está haciendo perder mi valioso tiempo estando en su compañía. ¿Por qué? Porque una persona que no me acepta como soy va a poner una serie de condiciones "sine qua non" que debo cumplir para que me acepte; solo me aceptará mientras las cumplo. Además, al percibir que puede tener un cierto poder sobre mí, pondrá cada vez más y más condiciones para aceptarme como soy. Me hará creer que solo esa persona me valora y me acepta como soy y que si no es por esa persona no me queda más que soledad, ansiedad, dolor, desamparo y desesperación, porque nadie más será capaz de ver cuánto valgo.
Conozco todos los síntomas, porque he conocido muchas personas ruines, mezquinas y desconsideradas que me han hecho sentir así. Y lo más triste es que yo se lo he permitido, por miedo...¿a qué? ¿A su rechazo? ¡¡pero si esas personas no estaban tampoco a mi lado cuando realmente las necesitaba, siempre buscaban una excusa para fallarme y encima ni podía nombrarles el asunto porque se enfadaban conmigo llamándome rencoroso y me acusaban de echarles en cara que no estuvieron cuando les necesité!!
Quien pone condiciones para aceptarme como soy me da la razón que necesito para expulsarles ipso facto de mi vida, porque me están avisando de que jamás estarán de forma amistosa y desinteresada, cuando realmente necesite de su compañía, apoyo, cariño y/o amistad.
Quien pone condiciones para aceptarme como soy solo merece mi ¡adiós! y que me vuelva sobre mis talones, expulsando a esa persona de mi vida para siempre y no gastar ni un segundo de mi vida más en explicaciones, en atenciones ni siquiera en rebatir sus opiniones o alcanzar un consenso, solo ignorarles y punto. Es absurdo gastar mi valioso tiempo en alguien que sé que jamás estará cuando le necesite.
Puedo caer mal. Sé vivir con ello. Ya no tengo necesidad de agradar a todo el mundo, me conformo con agradar y hacer feliz a las personas que me importan de verdad.
Puedo ser odiado. Sí. Podré dormir con ello, porque aunque yo procure siempre obrar de la forma más justa, generosa, compasiva y empática de que soy capaz, soy consciente de que no tengo ningún control ni poder sobre lo que otros puedan sentir por mí, y si alguien quiere odiarme a pesar de no tener ningún motivo real (por algún fallo mío, alguna mala acción cometida por mí, alguna mala palabra pronunciada por mí, etc.) que lo justifique, podré dormir tranquilo por la noche y sin el menor atisbo de culpabilidad.
Habrá quien me considere borde, pedante o enterado. ¿Y qué? Si la alternativa a que me consideren borde, prepotente y enterado es dejar de aprender, de crecer cada día como persona, confundir humildad con autohumillación y no responder a las provocaciones de los demás por miedo a que me consideren un "chulo de mierda prepotente", la elección es ya clara y contundente. Prefiero caer mal por tener una óptima autoestima, una personalidad brillante, un optimismo vital y una confianza y seguridad en mi mismo tan elevadas que dimanen de mi persona como un aura permanente.Prefiero arrollar con mi felicidad y autoestima desbordantes, que ser abordado y arrollado por la prepotencia y petulancia de quienes se sienten amenazados por mi persona y felicidad.
Solo tengo cabida en mi vida para las personas que me acepten como soy, el resto...que cojan puerta. Nunca me han hecho falta en mi vida, y nunca más me harán falta. No necesito ya su aprobación condicional.
He cometido el fatal error de permitir que la mirada del otro me cerrara caminos, me hiciera perder oportunidades, y, lo que es más triste y grave a la vez, me impidiera mostrarme tal cual soy.
Siempre suelo obrar buscando el bien no solo mío sino global, y agradar a los demás, no sólo por amabilidad, sino también, y aprovecho para reconocer públicamente y así cambiar, por temor al rechazo, y ese pequeño fallo, ese miedo, ha sido el camino que han encontrado algunas personas sin escrúpulos para llegar hasta mí y aprovecharse de mi buena voluntad, dejando de paso una huella de odio y dolor en mi alma. Es absurdo negar que pudieran conseguir eso sin ayuda, puesto que yo he tenido bastante que ver, yo he participado también dándoles un poder sobre mí que jamás habrían obtenido de no ser por mi miedo al rechazo.
He tenido la entereza de poner al final a esas personas donde les corresponde, pero a un alto precio, que no estoy dispuesto a seguir pagando, y es el de seguir contando con la opinión de los demás para caminar.
¿Hasta qué punto me importa la opinión de los demás si cuando más he necesitado a alguien a mi lado he estado solo?
¿Hasta qué punto puedo necesitar agradar a los demás o evitar el rechazo, si realmente me he demostrado a mí mismo de sobra y con eficiencia mi capacidad para poder enfrentarme a las peores situaciones de la vida a solas conmigo mismo?
Tengo todos los recursos suficientes y sobrados para que me resbale todo lo que los demás digan de mí.
Porque cuando necesite la ayuda de alguien sé que puedo contar con mi compañía aunque el resto del mundo me falle.
Tengo todos los recursos suficientes y sobrados para ser yo mismo, con sobrada autoestima, seguridad en mi mismo y confianza en mí mismo, optimismo, etc., aunque otros/as puedan sentirse cegados/as por mi luz o enfadados/as por haber brillado sin su permiso, o envidiosos/as de mis capacidades. Tengo plena consciencia de mi valía, aunque otros/as intenten echarla abajo presumiendo de sus propias capacidades y virtudes al tiempo que intentan hacerme creer que valen más que las mías.
Porque ahora soy consciente de que solo podrán ganar si me hacen creer que valen más que yo. Cuanto más intenten menospreciar mis habilidades, capacidades, aptitudes, actitudes, pensamientos, creencias, valores, y talentos, tanto más me estarán mostrando su baja autoestima y complejos de inseguridad e inferioridad, contribuyendo a reforzar mi valía ante ellos/as.
Ya solo busco agradar a quien me agrade realmente.
Solo busco justificarme, si es que necesito hacerlo, ante quien/es me importan realmente.
Quien me rechaza por como soy, no se merece formar parte de mi vida, y me está haciendo perder mi valioso tiempo estando en su compañía. ¿Por qué? Porque una persona que no me acepta como soy va a poner una serie de condiciones "sine qua non" que debo cumplir para que me acepte; solo me aceptará mientras las cumplo. Además, al percibir que puede tener un cierto poder sobre mí, pondrá cada vez más y más condiciones para aceptarme como soy. Me hará creer que solo esa persona me valora y me acepta como soy y que si no es por esa persona no me queda más que soledad, ansiedad, dolor, desamparo y desesperación, porque nadie más será capaz de ver cuánto valgo.
Conozco todos los síntomas, porque he conocido muchas personas ruines, mezquinas y desconsideradas que me han hecho sentir así. Y lo más triste es que yo se lo he permitido, por miedo...¿a qué? ¿A su rechazo? ¡¡pero si esas personas no estaban tampoco a mi lado cuando realmente las necesitaba, siempre buscaban una excusa para fallarme y encima ni podía nombrarles el asunto porque se enfadaban conmigo llamándome rencoroso y me acusaban de echarles en cara que no estuvieron cuando les necesité!!
Quien pone condiciones para aceptarme como soy me da la razón que necesito para expulsarles ipso facto de mi vida, porque me están avisando de que jamás estarán de forma amistosa y desinteresada, cuando realmente necesite de su compañía, apoyo, cariño y/o amistad.
Quien pone condiciones para aceptarme como soy solo merece mi ¡adiós! y que me vuelva sobre mis talones, expulsando a esa persona de mi vida para siempre y no gastar ni un segundo de mi vida más en explicaciones, en atenciones ni siquiera en rebatir sus opiniones o alcanzar un consenso, solo ignorarles y punto. Es absurdo gastar mi valioso tiempo en alguien que sé que jamás estará cuando le necesite.
Puedo caer mal. Sé vivir con ello. Ya no tengo necesidad de agradar a todo el mundo, me conformo con agradar y hacer feliz a las personas que me importan de verdad.
Puedo ser odiado. Sí. Podré dormir con ello, porque aunque yo procure siempre obrar de la forma más justa, generosa, compasiva y empática de que soy capaz, soy consciente de que no tengo ningún control ni poder sobre lo que otros puedan sentir por mí, y si alguien quiere odiarme a pesar de no tener ningún motivo real (por algún fallo mío, alguna mala acción cometida por mí, alguna mala palabra pronunciada por mí, etc.) que lo justifique, podré dormir tranquilo por la noche y sin el menor atisbo de culpabilidad.
Habrá quien me considere borde, pedante o enterado. ¿Y qué? Si la alternativa a que me consideren borde, prepotente y enterado es dejar de aprender, de crecer cada día como persona, confundir humildad con autohumillación y no responder a las provocaciones de los demás por miedo a que me consideren un "chulo de mierda prepotente", la elección es ya clara y contundente. Prefiero caer mal por tener una óptima autoestima, una personalidad brillante, un optimismo vital y una confianza y seguridad en mi mismo tan elevadas que dimanen de mi persona como un aura permanente.Prefiero arrollar con mi felicidad y autoestima desbordantes, que ser abordado y arrollado por la prepotencia y petulancia de quienes se sienten amenazados por mi persona y felicidad.
Solo tengo cabida en mi vida para las personas que me acepten como soy, el resto...que cojan puerta. Nunca me han hecho falta en mi vida, y nunca más me harán falta. No necesito ya su aprobación condicional.
Etiquetas:
autoaceptación,
autoestima,
miedo al rechazo
sábado, 24 de julio de 2010
¿Qué convierte una vida en apasionante?
¿Tener una colección de fotos de todos los rincones del planeta para ser la envidia de la ciudad? ¿Tener una vida lujosa, con todo lo que ello conlleva (casa lujosa, coche lujoso, chófer lujoso, gastos lujosos, etc.) de la que presumir? ¿Tener una colección de amigos/as influyentes que le puedan sacar a uno/a de algún apuro o ayudarle/a en un momento clave? ¿o es acaso tener la capacidad de seducir a tod@ mujer/hombre que se cruce en nuestro camino para que los demás nos tengan envidia...? Tener, hacer, ser...nada.
Lo que convierte una vida en apasionante no empieza con el verbo "tener", salvo una excepción, la de tener una actitud apasionante y vital.
Ser vital.
Ser positivo/a en cualquier situación.
Ser luchador/a y tenaz.
Ser capaz de sonreír y sacar una sonrisa a los demás incluso en un momento de máximo dolor.
Ser capaz de mostrar los propios sentimientos libre de cualquier miedo al rechazo o a la reacción de los demás.
Ser audaz.
Ser congruente con los deseos de su corazón.
Ser capaz de seguir los impulsos de su corazón, los más genuinos y auténticos.
Ser capaz de despertarse cada mañana con ilusión y una sonrisa en la cara, ilusionad@ con el día que está empezando, viéndolo como un lienzo en blanco.
Ser capaz de ver cualquier crisis como una oportunidad para reinventarse a un@ mism@ y hacerse más fuerte y más sabio.
Ser capaz de hacer cada día algo que le ilusione, y de conseguir ilusionarse por todo lo que hace.
Ser capaz de hacer sus sueños realidad.
Ser capaz de ayudar a otras personas a hacer también sus sueños realidad.
Lo que convierte la vida de una persona en apasionante no tiene que ver con lo que "tiene", sino con lo que esa vida, esa persona "es" en sí misma, sin trampa ni cartón, despojada de cualquier máscara, y tiene mucho que ver con la capacidad de esa persona de encontrar la felicidad hasta en los más pequeños detalles y ser capaz de desear encontrar la felicidad, de desear disfrutarla, en lugar de ponerse trabas y excusas, en lugar de aplazar esa felicidad para un momento futuro que jamás llegará.
Lo que convierte la vida de una persona en apasionante es el espíritu de esa persona y su actitud, la voluntad de esa persona puesta en juego, desplegada en todo su potencial, con la única y firme intención de hacerse feliz a sí misma sin ninguna excusa ni necesidad de justificar por qué lo hace.
Lo que convierte una vida en apasionante no empieza con el verbo "tener", salvo una excepción, la de tener una actitud apasionante y vital.
Ser vital.
Ser positivo/a en cualquier situación.
Ser luchador/a y tenaz.
Ser capaz de sonreír y sacar una sonrisa a los demás incluso en un momento de máximo dolor.
Ser capaz de mostrar los propios sentimientos libre de cualquier miedo al rechazo o a la reacción de los demás.
Ser audaz.
Ser congruente con los deseos de su corazón.
Ser capaz de seguir los impulsos de su corazón, los más genuinos y auténticos.
Ser capaz de despertarse cada mañana con ilusión y una sonrisa en la cara, ilusionad@ con el día que está empezando, viéndolo como un lienzo en blanco.
Ser capaz de ver cualquier crisis como una oportunidad para reinventarse a un@ mism@ y hacerse más fuerte y más sabio.
Ser capaz de hacer cada día algo que le ilusione, y de conseguir ilusionarse por todo lo que hace.
Ser capaz de hacer sus sueños realidad.
Ser capaz de ayudar a otras personas a hacer también sus sueños realidad.
Lo que convierte la vida de una persona en apasionante no tiene que ver con lo que "tiene", sino con lo que esa vida, esa persona "es" en sí misma, sin trampa ni cartón, despojada de cualquier máscara, y tiene mucho que ver con la capacidad de esa persona de encontrar la felicidad hasta en los más pequeños detalles y ser capaz de desear encontrar la felicidad, de desear disfrutarla, en lugar de ponerse trabas y excusas, en lugar de aplazar esa felicidad para un momento futuro que jamás llegará.
Lo que convierte la vida de una persona en apasionante es el espíritu de esa persona y su actitud, la voluntad de esa persona puesta en juego, desplegada en todo su potencial, con la única y firme intención de hacerse feliz a sí misma sin ninguna excusa ni necesidad de justificar por qué lo hace.
lunes, 14 de junio de 2010
Mujeres con el ego inflamado/enfermo
Los rasgos que distinguen a una mujer con perfil de ego inflamado/enfermo son los siguientes:
1) Hace una continua exigencia de sus derechos que va mucho más allá del ejercicio de una sana asertividad, para convertirse en un ejercicio de despotismo y tiranía, adjudicándose derechos que no le corresponden.
2) No respeta el ejercicio de asertividad de las otras personas, especialmente cuando esas personas le dicen que no y se niegan a su propuesta, cualquiera que esta sea, y esto va unido a su escasa o nula tolerancia a la frustración, por lo que, ante una negativa de otra persona en un sano y maduro ejercicio de asertividad y de dignidad (sobre todo cuando esa otra persona le dice a este tipo de mujeres que no a una propuesta que va en contra de sus propios intereses), enseguida estalla en ira, ya que está acostumbrada a salirse siempre con la suya así. La vida le ha enseñado que independientemente de la situación, lo único que tiene que cambiar es la intensidad del enfado y de los gestos de ira que muestra para salirse con la suya, sin importarle en lo más mínimo los sentimientos de los demás.
3) Es una persona que va más allá del egoísmo sano y se asienta en un egocentrismo mezquino, en el cual esa persona se cree merecedora de todas las atenciones, cariño, afecto y regalos por parte de los demás, los exige y los da por hecho sin apenas agradecerlos. Pero en ningún momento se siente en la obligación de corresponder a esas atenciones si realmente siente algo hacia la persona que la trata como una reina. Se excusan con pretextos tan absurdos como que “no me entrego fácilmente a cualquiera”, “la gente dice que soy rara, fría y reservada, pero eso es porque ningún hombre me ha enamorado todavía”, cuando realmente ese tipo de mujer no tiene corazón salvo para su “ideal”, si es que algún día llegan a salir con ese hombre ideal, o para su familia, si acaso.
4) Es una persona capaz de estar en pareja solo para que le rindan culto y devoción, pero sin que sienta nada hacia la persona que le rinde culto, mientras busca otros/as pretendientes que le gusten más y espera hasta que surja alguien que pueda ser más acorde con sus intereses y el “ideal” que busca. En el momento en que encuentra a esa persona, deja a la otra persona con la que estaba sin darle ninguna razón ni explicación.
5) Va de “fashion” y de “divina de la muerte” por la vida. Si hace un viaje al extranjero, presume de que ha dado varias veces la vuelta al mundo. Todo lo que hace, vive o tiene es mejor que lo que hacen, viven y tienen los demás. Sus virtudes son las verdaderas, su verdad es la verdadera, y las verdades de los demás son falsas, las virtudes de los demás son falsas. Menosprecian las virtudes, pertenencias, experiencias, etc., de los demás. Pretenden compensar con exageraciones, presunción de lujos materiales muchas veces exagerados, arrogancia y prepotencia su falta de aceptación de sí misma, su falta de seguridad, autoestima y sus complejos de inferioridad.
6) Exigen continuamente ser el foco de atención y mantener el protagonismo; si se le niega, es capaz de emplear la crítica bien directa o bien traicionera, por detrás, para arruinarle el momento de protagonismo a la otra persona.
7) A pesar de que menosprecia las virtudes de los demás, es capaz de alabar y adular a otra persona cuando quiere obtener algo a cambio, por puro y mezquino interés. Tiene una pequeña deferencia o atención con una persona y le dice que ese tipo de atenciones no la tiene con cualquiera, que espera que lo tenga en cuenta, y que desea que se conozcan un poco más, para que la otra persona se sienta en deuda con ella y sea capaz de acceder a cualquier cosa con tal de satisfacer a la otra persona. Si la persona con quien tiene esa atención es asertiva y le explica que no va a acceder a ninguna petición - porque es libre de ejercer su derecho a decir que no, especialmente cuando no ha pedido ningún favor, deferencia o trato preferencial, y más cuando le explica que dicho “trato preferencial” es solo un gesto ambiguo y no un favor personal y una muestra de interés personal – esa persona se desenmascara a sí misma deshaciéndose en muestras de ira y desprecio cuando minutos antes tenía untada en miel su lengua viperina.
8) Va de madura por la vida, tratando a los demás como personas inmaduras a su lado, pero sus actos desvelan poderosas y evidentes incongruencias con sus palabras.
9) Es capaz de ser infiel, de pensamiento y acto, pero exige fidelidad, culto y devoción de su pareja, aunque no le quiera y sea capaz de irse con el primer hombre que aparezca en su vida y que le ofrezca más que el que tiene, pero se siente ofendida si su pareja mira a otra mujer o habla con ella.
Este es el tipo de perfil por el que hasta ahora me había sentido especialmente "enganchado", el tipo de mujeres que me atraía, de entre todas las mujeres que conocía solo me fijaba en ellas, me enamoraba de ellas y me lanzaba con ellas a pedirles un baile, a pedirles que salieran conmigo, y fueron las que generaron mi miedo al rechazo. Paula Arias, Arminda, María...son solo una muestra de mujeres con este perfil. Creo que es absurdo echarle la culpa solo a ellas, puesto que el fallo ha estado en mí, en fijarme en ellas y no en otras mujeres. Por eso, y por que es absurdo hacer siempre lo mismo y pretender que el resultado sea diferente, comparto este pequeño guiño de intimidad con el mundo, con cualquier persona que por azares de la vida dé con este blog y lo lea, en un intento de hacer algo diferente, de cambiar el guión de mi vida y dejar de engancharme con esta clase de mujeres como quien está enganchado a una droga. A partir de este día, empieza mi terapia de desintoxicación.
1) Hace una continua exigencia de sus derechos que va mucho más allá del ejercicio de una sana asertividad, para convertirse en un ejercicio de despotismo y tiranía, adjudicándose derechos que no le corresponden.
2) No respeta el ejercicio de asertividad de las otras personas, especialmente cuando esas personas le dicen que no y se niegan a su propuesta, cualquiera que esta sea, y esto va unido a su escasa o nula tolerancia a la frustración, por lo que, ante una negativa de otra persona en un sano y maduro ejercicio de asertividad y de dignidad (sobre todo cuando esa otra persona le dice a este tipo de mujeres que no a una propuesta que va en contra de sus propios intereses), enseguida estalla en ira, ya que está acostumbrada a salirse siempre con la suya así. La vida le ha enseñado que independientemente de la situación, lo único que tiene que cambiar es la intensidad del enfado y de los gestos de ira que muestra para salirse con la suya, sin importarle en lo más mínimo los sentimientos de los demás.
3) Es una persona que va más allá del egoísmo sano y se asienta en un egocentrismo mezquino, en el cual esa persona se cree merecedora de todas las atenciones, cariño, afecto y regalos por parte de los demás, los exige y los da por hecho sin apenas agradecerlos. Pero en ningún momento se siente en la obligación de corresponder a esas atenciones si realmente siente algo hacia la persona que la trata como una reina. Se excusan con pretextos tan absurdos como que “no me entrego fácilmente a cualquiera”, “la gente dice que soy rara, fría y reservada, pero eso es porque ningún hombre me ha enamorado todavía”, cuando realmente ese tipo de mujer no tiene corazón salvo para su “ideal”, si es que algún día llegan a salir con ese hombre ideal, o para su familia, si acaso.
4) Es una persona capaz de estar en pareja solo para que le rindan culto y devoción, pero sin que sienta nada hacia la persona que le rinde culto, mientras busca otros/as pretendientes que le gusten más y espera hasta que surja alguien que pueda ser más acorde con sus intereses y el “ideal” que busca. En el momento en que encuentra a esa persona, deja a la otra persona con la que estaba sin darle ninguna razón ni explicación.
5) Va de “fashion” y de “divina de la muerte” por la vida. Si hace un viaje al extranjero, presume de que ha dado varias veces la vuelta al mundo. Todo lo que hace, vive o tiene es mejor que lo que hacen, viven y tienen los demás. Sus virtudes son las verdaderas, su verdad es la verdadera, y las verdades de los demás son falsas, las virtudes de los demás son falsas. Menosprecian las virtudes, pertenencias, experiencias, etc., de los demás. Pretenden compensar con exageraciones, presunción de lujos materiales muchas veces exagerados, arrogancia y prepotencia su falta de aceptación de sí misma, su falta de seguridad, autoestima y sus complejos de inferioridad.
6) Exigen continuamente ser el foco de atención y mantener el protagonismo; si se le niega, es capaz de emplear la crítica bien directa o bien traicionera, por detrás, para arruinarle el momento de protagonismo a la otra persona.
7) A pesar de que menosprecia las virtudes de los demás, es capaz de alabar y adular a otra persona cuando quiere obtener algo a cambio, por puro y mezquino interés. Tiene una pequeña deferencia o atención con una persona y le dice que ese tipo de atenciones no la tiene con cualquiera, que espera que lo tenga en cuenta, y que desea que se conozcan un poco más, para que la otra persona se sienta en deuda con ella y sea capaz de acceder a cualquier cosa con tal de satisfacer a la otra persona. Si la persona con quien tiene esa atención es asertiva y le explica que no va a acceder a ninguna petición - porque es libre de ejercer su derecho a decir que no, especialmente cuando no ha pedido ningún favor, deferencia o trato preferencial, y más cuando le explica que dicho “trato preferencial” es solo un gesto ambiguo y no un favor personal y una muestra de interés personal – esa persona se desenmascara a sí misma deshaciéndose en muestras de ira y desprecio cuando minutos antes tenía untada en miel su lengua viperina.
8) Va de madura por la vida, tratando a los demás como personas inmaduras a su lado, pero sus actos desvelan poderosas y evidentes incongruencias con sus palabras.
9) Es capaz de ser infiel, de pensamiento y acto, pero exige fidelidad, culto y devoción de su pareja, aunque no le quiera y sea capaz de irse con el primer hombre que aparezca en su vida y que le ofrezca más que el que tiene, pero se siente ofendida si su pareja mira a otra mujer o habla con ella.
Este es el tipo de perfil por el que hasta ahora me había sentido especialmente "enganchado", el tipo de mujeres que me atraía, de entre todas las mujeres que conocía solo me fijaba en ellas, me enamoraba de ellas y me lanzaba con ellas a pedirles un baile, a pedirles que salieran conmigo, y fueron las que generaron mi miedo al rechazo. Paula Arias, Arminda, María...son solo una muestra de mujeres con este perfil. Creo que es absurdo echarle la culpa solo a ellas, puesto que el fallo ha estado en mí, en fijarme en ellas y no en otras mujeres. Por eso, y por que es absurdo hacer siempre lo mismo y pretender que el resultado sea diferente, comparto este pequeño guiño de intimidad con el mundo, con cualquier persona que por azares de la vida dé con este blog y lo lea, en un intento de hacer algo diferente, de cambiar el guión de mi vida y dejar de engancharme con esta clase de mujeres como quien está enganchado a una droga. A partir de este día, empieza mi terapia de desintoxicación.
lunes, 5 de octubre de 2009
Que se jodan
Así de simple y directo, sin necesidad alguna de guardar las formas, porque ya he perdido la paciencia.
Hay personas que se dicen amigas mías y otras que lo son realmente, y creo sin lugar a dudas que "por sus frutos los conoceréis". Es por eso que una persona que realmente es mi amiga y me conoce:
a) Se mordería el labio hasta sangrarse antes de juzgarme como desesperado por tener novia, porque he sido capaz de renunciar a relaciones que no me aportaban nada, al contrario de lo que hace mucha gente, que es capaz de empatar una relación con otra por miedo a estar a solas consigo mismos/as, aunque para ello tengan que estar con personas a quienes no aman en absoluto.
b) Jamás me trataría como si estuviera desesperado por tener novia, porque me conoce lo suficiente como para dar por hecho, a partir de mis actos ya probados, que tengo la madurez, autonomía e independencia emocional suficientes y sobradas para cortar de forma tajante cualquier conato de relación, así como toda relación ya formada, que no me aporte lo que estoy buscando y merezco.
c) Me acepta tal y como soy, con mis aciertos y fallos.
d) Comparte su tiempo conmigo libre y voluntariamente, sin hacerme sentir que me está haciendo por ello un favor, pudiendo ambos realizar algunas actividades juntos cuando nuestros diferentes horarios de trabajo y personales nos lo permitan.
e) Sabe que podemos confiar el uno en el otro, pues la confianza es recíproca y se va consolidando a lo largo del tiempo a través de detalles y muestras de confianza en cantidad recíprocamente creciente.
f) Sabe que a partir de ahora mi tiempo va a ser solo para las personas que reúnan los requisitos arriba mencionados.
A las personas que sigan pensando que estoy desesperado por tener novia, les digo: ¡Que os jodan! Tal es vuestra ceguera e ignorancia, tales y tan grande son vuestros prejuicios y vuestra envidia de mí, que por más que os demuestre lo contrario, hasta el punto de renunciar a personas que sí me importaban y con quién sí podría haber sido feliz, como con Yaiza, o personas que no eran para mí, como Paula, para demostrar que no estaba desesperado por tener novia, vosotros/as seguís erre que erre con vuestra ignorancia y sin querer ver la realidad, sin querer conocerme de verdad...por eso os lo digo: ¡Que os jodan! Os expulso de mi vida, no me importáis ya lo más mínimo. No lo digo con rencor, sino con firmeza. Tengo una vida tan intensa e interesante que no me quedan energías para sentir ira o rencor, porque todas mis energías están canalizadas hacia un único objetivo: Estar d.p.m. conmigo mismo y ser de lo más feliz solo.
Y esa felicidad la compartiré con quienes me han demostrado realmente su amistad.
Hay personas que se dicen amigas mías y otras que lo son realmente, y creo sin lugar a dudas que "por sus frutos los conoceréis". Es por eso que una persona que realmente es mi amiga y me conoce:
a) Se mordería el labio hasta sangrarse antes de juzgarme como desesperado por tener novia, porque he sido capaz de renunciar a relaciones que no me aportaban nada, al contrario de lo que hace mucha gente, que es capaz de empatar una relación con otra por miedo a estar a solas consigo mismos/as, aunque para ello tengan que estar con personas a quienes no aman en absoluto.
b) Jamás me trataría como si estuviera desesperado por tener novia, porque me conoce lo suficiente como para dar por hecho, a partir de mis actos ya probados, que tengo la madurez, autonomía e independencia emocional suficientes y sobradas para cortar de forma tajante cualquier conato de relación, así como toda relación ya formada, que no me aporte lo que estoy buscando y merezco.
c) Me acepta tal y como soy, con mis aciertos y fallos.
d) Comparte su tiempo conmigo libre y voluntariamente, sin hacerme sentir que me está haciendo por ello un favor, pudiendo ambos realizar algunas actividades juntos cuando nuestros diferentes horarios de trabajo y personales nos lo permitan.
e) Sabe que podemos confiar el uno en el otro, pues la confianza es recíproca y se va consolidando a lo largo del tiempo a través de detalles y muestras de confianza en cantidad recíprocamente creciente.
f) Sabe que a partir de ahora mi tiempo va a ser solo para las personas que reúnan los requisitos arriba mencionados.
A las personas que sigan pensando que estoy desesperado por tener novia, les digo: ¡Que os jodan! Tal es vuestra ceguera e ignorancia, tales y tan grande son vuestros prejuicios y vuestra envidia de mí, que por más que os demuestre lo contrario, hasta el punto de renunciar a personas que sí me importaban y con quién sí podría haber sido feliz, como con Yaiza, o personas que no eran para mí, como Paula, para demostrar que no estaba desesperado por tener novia, vosotros/as seguís erre que erre con vuestra ignorancia y sin querer ver la realidad, sin querer conocerme de verdad...por eso os lo digo: ¡Que os jodan! Os expulso de mi vida, no me importáis ya lo más mínimo. No lo digo con rencor, sino con firmeza. Tengo una vida tan intensa e interesante que no me quedan energías para sentir ira o rencor, porque todas mis energías están canalizadas hacia un único objetivo: Estar d.p.m. conmigo mismo y ser de lo más feliz solo.
Y esa felicidad la compartiré con quienes me han demostrado realmente su amistad.
domingo, 23 de agosto de 2009
Ein neues Leben auf Fuerteventura.
Nachdem ich einen ruhigen Sommer gehabt habe, ich habe ein neues Ziel im Leben, sowohl in Arbeit, als auch in meinen privaten Leben.
Ich habe während dieser letzter Jahren mit vielen Frauen geirrtet, und sogar während dieses Sommer könnte ich noch einmal das bittere Aroma nach Fehlschlag schmecken, aber ich bereue es nicht, weil ich es wenigstens versucht habe, neue Leute treffen zu lernen, und noch einmal auf eine Liebe freuen zu können, obwohl diese 'Liebe' nur ein glaubhaftes Blendwerk war.
Ich habe gerade viele Angst vor der Änderung, aber ich wirklich weisse, dass es sicher am besten, dass mir ab diesem Moment geschehen könnte.
Ich werde allein leben, und ich muss neue Leute kennen lernen, weil ich auf Fuerteventura keine Leute kenne. Ich bin daran genug gewöhnt, allein zu leben, kochen, usw., weil ich seit diesen lezten dreien Jahren auf La Palma gewohnen habe, aber Fuerteventura ist mir fremd, und diese Insel ist ferner von Teneriffa als La Palma, so ich kann mehr meine Familie vermissen, als ich auf La Palma lebe.
Nur habe ich eine Sache jetzt im Kopf...wenige Theorien, mehr erleben...Auf Risiko davon, dass jemand mir häufiger als nie eine Abfuhr erteile, wenn ich mit Frauen viele versuche, meine Angst vor der Abfuhr zu bewältigen.
Arminda hat mir gelehrt, dass ich mich lohne, alles das Gute, dass ich dafür bereit bin, zu kämpfen.
Sie hat mir auch gelehrt, dass es viele anständige, ehrliche, zuverlässige Leute gibt, auf wen vertrauen kann. Vielen Dank, Arminda, und ich leide daran, dass wir endlich nicht Freunde sein können. Obwohl du mir danach gefragt hast, ob wir Freunde waren, wenn du mir gesagt hast, dass du für mich als ein Partner nicht interessiert warst, und ich habe dich die wahre Antwort gesagt: Ja, selbstverständlich, wir sind Freunde, warum nicht?
Aber seit jenem Dienstag, Arminda, wir haben uns nicht gesprochen, und ich leide mich darunter, dass es ist das Ende unserer Freundschaft, weil weder du noch ich dafür interessiert sind, diese Freundschaft zu bestärken.
Ich habe während dieser letzter Jahren mit vielen Frauen geirrtet, und sogar während dieses Sommer könnte ich noch einmal das bittere Aroma nach Fehlschlag schmecken, aber ich bereue es nicht, weil ich es wenigstens versucht habe, neue Leute treffen zu lernen, und noch einmal auf eine Liebe freuen zu können, obwohl diese 'Liebe' nur ein glaubhaftes Blendwerk war.
Ich habe gerade viele Angst vor der Änderung, aber ich wirklich weisse, dass es sicher am besten, dass mir ab diesem Moment geschehen könnte.
Ich werde allein leben, und ich muss neue Leute kennen lernen, weil ich auf Fuerteventura keine Leute kenne. Ich bin daran genug gewöhnt, allein zu leben, kochen, usw., weil ich seit diesen lezten dreien Jahren auf La Palma gewohnen habe, aber Fuerteventura ist mir fremd, und diese Insel ist ferner von Teneriffa als La Palma, so ich kann mehr meine Familie vermissen, als ich auf La Palma lebe.
Nur habe ich eine Sache jetzt im Kopf...wenige Theorien, mehr erleben...Auf Risiko davon, dass jemand mir häufiger als nie eine Abfuhr erteile, wenn ich mit Frauen viele versuche, meine Angst vor der Abfuhr zu bewältigen.
Arminda hat mir gelehrt, dass ich mich lohne, alles das Gute, dass ich dafür bereit bin, zu kämpfen.
Sie hat mir auch gelehrt, dass es viele anständige, ehrliche, zuverlässige Leute gibt, auf wen vertrauen kann. Vielen Dank, Arminda, und ich leide daran, dass wir endlich nicht Freunde sein können. Obwohl du mir danach gefragt hast, ob wir Freunde waren, wenn du mir gesagt hast, dass du für mich als ein Partner nicht interessiert warst, und ich habe dich die wahre Antwort gesagt: Ja, selbstverständlich, wir sind Freunde, warum nicht?
Aber seit jenem Dienstag, Arminda, wir haben uns nicht gesprochen, und ich leide mich darunter, dass es ist das Ende unserer Freundschaft, weil weder du noch ich dafür interessiert sind, diese Freundschaft zu bestärken.
lunes, 17 de agosto de 2009
“Érase una vez un tren”, por GUSTAVO EALSSÄR M.P.
Dedicado a Arminda
Diego era un joven prometedor. Terminó la carrera año por año y se licenció entre los 3 primeros en su promoción en julio, pero el fin de su carrera sería el comienzo de su pesadilla. El primer vagón del tren apareció resplandeciente cuando tuvo que poner fin a su primera y hasta entonces única y tormentosa relación tras tres años de vaivenes y desavenencias, de desencuentros por ambas partes.
El primer vagón era de color negro, apagado o mate, sólido, con una caldera potente que echaba fuertes vaharadas de humo, al estilo de las clásicas locomotoras.
Tuvo que afrontar un siguiente año de duelo plagado de sinsabores que solo eran compensados por el apoyo de los pocos amigos que aún le quedaban (¡Cuan oportuna es una crisis para abrir a uno los ojos y ver quiénes son los amigos de verdad!) y de un trabajo temporal como profesor particular, mientras que buscaba trabajo por todos lados, hasta debajo de las piedras, y veía que, una tras otra, todas las puertas se le cerraban, a veces suavemente, y otras veces con un estampido, en las narices.
Por cada puerta que se le iba cerrando en las narices, tanto en el trabajo como en el amor, un vagón, negro y lleno de indeseables pasajeros (pensamientos negativistas, creencias catastrofistas, etc.) se iba añadiendo al primer vagón, creando un tren inmenso, color negro mate, que cada vez iba cogiendo más y más velocidad.
Pero Diego no se daba por vencido. Consciente de sus defectos, aunque exigente consigo mismo hasta extremos insospechables, sacaba fuerzas de la flaqueza, y con entereza cogía el toro por los cuernos. Alguna lágrima derramada por el camino, y vuelta a empezar, se volvía a levantar y seguía luchando, ahora con renovadas fuerzas, mientras que los días pasaban. Los días se transformaban en semanas, las semanas en meses y los meses en años, mientras que parecía que nada cambiaba, y el tren, más largo que nunca, iba cogiendo más y más vagones, más y más pasajeros indeseables, más y más velocidad.
Pero de repente algo cambió…apareció una aguja que desvió parte de los vagones. Una decisión arriesgada le llevó a un trabajo mucho mejor que el que tenía, y éste trabajo a otro, y a otro, y, tímidamente al principio, y luego de forma más descarada, la vida le abría las puertas. Pero el tren llevaba tal cargamento y velocidad, que era muchas veces imposible darse cuenta a tiempo del cambio de aguja, de la desviación/decisión que debía tomar, y por cada error que cometía, llegaba a un nuevo andén donde se le añadía un nuevo vagón, con nuevos y desagradables pasajeros.: miedos, desesperación, etc.
Diego es un experto en aprender, siempre está aprendiendo cosas nuevas, y cuando el dolor es el maestro, se aprende más rápido, por lo cual aprendió rápido a reaccionar antes de cada cambio de aguja, de modo que fue conduciendo cada vez con más frecuencia al tren hacia andenes donde ir dejando cada uno de los vagones, y en cada parada la velocidad del tren iba disminuyendo más y más.
La vida le estaba dando a Diego una segunda oportunidad. Y al fin Diego se sentía en paz consigo mismo. Un día, por accidente, encontró una aguja especial, que le llevó a un andén de color rosa. En el cartel se podía leer.
ENHORABUENA. HAS LLEGADO AL ANDÉN DE LA “VISIÓN POSITIVA”. PASA POR TAQUILLA Y SE TE DARÁ UN REGALO.
Curioso y desconfiado, Diego se apea del tren y se acerca a la taquilla. Enseña su carné de identidad y se le entrega un paquete cilíndrico envuelto en un papel de regalo de color rosa. En su interior, hay un cilindro metálico de color bronce. Tiene una tapa de rosca. La abre. Dentro hay un pergamino muy antiguo. Lo saca, lo desenrolla y lo lee.
“A quien pueda interesar. Si estás aquí, significa que estás cansado de tu tren. Este es un mensaje de esperanza y a la vez un permiso de carga. Con este permiso, podrás cargar cuantos vagones de color rosa se te antoje. Pero antes tienes que ir eliminando uno a uno todos los vagones negros que tienes, salvo la locomotora. Cuando solo te quede la locomotora, enseña este pergamino en cualquier andén y ponte en contacto con el jefe para que te explique qué hacer con dicha locomotora”.
Y así, Diego se puso en marcha. Ahora tenía una misión: ir deshaciéndose de cada uno de los vagones, así como del pasaje que lleva. Aunque después de esa experiencia se equivocó alguna que otra vez y añadió unos pocos vagones más, su firme propósito y su voluntad, le permitieron deshacerse en menos de 2 años de los vagones restantes.
De nuevo en el andén donde recibió el pergamino, al que llegó por casualidad tras entregar el penúltimo vagón (podía enseñar el pergamino en cualquier andén), se bajó de la locomotora, pidiendo ver al jefe de la estación. Le encontró sonriente, con los brazos cruzados detrás del cuello.
- Te esperaba, Diego. Y me alegra que hayas venido tan pronto. Me ha conmovido tu tesón y perseverancia, tu férrea voluntad incluso bajo situaciones muy duras, te admiro porque, incluso en esas condiciones, tu locomotora ya no añadía tantos vagones como antes, e incluso aprendiste a deshacerte de ellos.
- Tengo un par de preguntas que hacerle - Pregunta Diego, educadamente a pesar de su agotamiento – En primer lugar, ¿quién es usted y de qué me conoce? ¿En segundo lugar, qué debo hacer con el vagón que resta?
- Sé que tienes muchas preguntas, pero tuya, es, también la única respuesta, respondió el jefe de máquinas con una sonrisa en la boca, de oreja a oreja, mientras ponía los pies sobre la mesa de su despacho. ¿Quién crees que soy?
- ¿El jefe de máquinas?
- Frío, frío
- ¿El dueño de la empresa?
- Bueno, ya te vas calentando un poquito.
- Bueno, me rindo…
- ¿Seguro que te rindes?
- Sí
- Lo dudo. ¿No quieres intentarlo de nuevo?
Iba a decir que no estaba para jueguecitos de este tipo y que ya había perdido tiempo más que suficiente, que quería la respuesta ya o se iría y ya buscaría cómo y dónde deshacerse del maldito vagón que le quedaba…
- Mala idea…
- ¿Qué idea? ¿A qué te refieres?
- No puedes deshacerte del vagón, no sin pagar un muy alto precio…
- ¿Cuál?
- Tu propia vida.
- ¿Por qué?
- Porque ese vagón es tu voluntad, y la caldera es tu corazón.
- Y entonces tú…
- Sí
- No puede ser.
- Soy tú. Al menos la parte de ti mismo con la que años atrás interrumpiste el contacto. Llámalo alma, espíritu, quintaesencia, etc. Pero soy tú. Y estoy muy orgulloso de que, pese a los múltiples obstáculos que has tenido, hayas aprendido a deshacerte de toda esa carga del pasado, de todos esos pasajeros indeseados: creencias limitantes , pensamientos distorsionados, miedos, ansiedades, etc. La vida no te lo ha puesto nada fácil, ambos lo sabemos. Cuanto más negativo es uno, más le dan la espalda los demás, más solo se ve, y más y más negativo se vuelve, reforzando el círculo vicioso hasta niveles altamente tóxicos e intolerables. Pero tu voluntad ha obrado el milagro y te ha puesto aquí, donde estás. Ah…y mira por la ventana…
- N-no, no puede ser, es imposible…
- Pues sí. Es posible. La fuerza de voluntad puede obrar todos los milagros que necesitas.
Ante sus ojos, el vagón se convirtió en un caballete, con un lienzo en blanco y un maletín abierto en el suelo, repleto de óleos, acuarelas, etc. Y una paleta de pintor.
- Y todo esto…¿para qué?
- Para comenzar, Diego. Te has caído y te has levantado. Tú mismo te añadiste gratuitamente cada uno de esos vagones, y por cada vagón que añadías, más probabilidad había de que añadieras otro, y otro, y otro, llevado por las lamentaciones, el victimismo, etc….parecía que no tenías salvación…
- Pero apareciste tú y me diste este pergamino…
- ¿Es que acaso pensabas que te iba a dejar ahogar en el agujero negro en que te ibas a meter de cabeza? Yo soy la muestra de que dentro de ti hay mucho más de lo que crees, aunque no lo veas ni seas capaz de valorarlo en su justa medida. Si lo hicieras, muchos de tus males actuales desaparecerían…sólo necesitabas un pequeño empujón, una pequeña esperanza, pero te lo merecías sobrada mente, este pequeño gesto mío es algo minúsculo en comparación con el esfuerzo titánico que has hecho.
- ¿Cómo cuáles, por ejemplo? , preguntó Diego curioso.
- ¿Cuáles qué…?
- Te preguntaba que cuáles de esos males actuales desaparecerían, porque lo pintas muy fácil…y quiero creerte, pero..
- Mantén tu pensamiento positivo, o volverá a aparecer el tren de negro, jajajaja. Cuando te dije lo de los males, me refería, por ejemplo a la asertividad, o mejor dicho, a la falta de ella; siendo consciente de tu verdadero potencial y de tu valía, no tolerarás situaciones que no te aporten nada positivo, ni abusos, engaños o mentiras, siendo capaz de ponerles freno de forma firme y elegante a la vez.
- Ya, pero…
- Sí, esto es solo una muestra, un comienzo. Cada día se te dará un lienzo en blanco nuevo y algo de material, y tienes la oportunidad de pintar tu vida, de dibujar lo que quieres que te suceda. Aquello que imagines, ocurrirá. Porque cada día es un lienzo en blanco.
- No me lo creo…
- Entiendo tus dudas, pero ponme a prueba…
- De acuerdo – dice Diego, mientras sale del despacho y luego baja los escalones. Va hacia donde está el lienzo. Ahora ya no está en ningún andén, sino en medio de un jardín inmenso, y en donde antes había un edificio de oficinas, hay un hermoso e inmenso castillo medieval bien conservado pese a los siglos…Diego se vuelve para atrás al llegar al lienzo y se queda boquiabierto al darse cuenta del cambio de escenario…pero se concentra en el lienzo. Algo, un ímpetu repentino y muy intenso le empuja a dibujar…y, aunque los trazos parecen sucederse sin orden ni concierto, al final el dibujo toma forma. Ve al “jefe de máquinas” acercarse y le enseña el lienzo. El “jefe de máquinas” se ríe a carcajadas, y contagia a Diego.
El dibujo del lienzo es un tren de color rosa, con miles de vagones, que, en su recorrido, dibuja diferentes letras, componiendo el siguiente mensaje…”Érase una vez un tren”.
Diego era un joven prometedor. Terminó la carrera año por año y se licenció entre los 3 primeros en su promoción en julio, pero el fin de su carrera sería el comienzo de su pesadilla. El primer vagón del tren apareció resplandeciente cuando tuvo que poner fin a su primera y hasta entonces única y tormentosa relación tras tres años de vaivenes y desavenencias, de desencuentros por ambas partes.
El primer vagón era de color negro, apagado o mate, sólido, con una caldera potente que echaba fuertes vaharadas de humo, al estilo de las clásicas locomotoras.
Tuvo que afrontar un siguiente año de duelo plagado de sinsabores que solo eran compensados por el apoyo de los pocos amigos que aún le quedaban (¡Cuan oportuna es una crisis para abrir a uno los ojos y ver quiénes son los amigos de verdad!) y de un trabajo temporal como profesor particular, mientras que buscaba trabajo por todos lados, hasta debajo de las piedras, y veía que, una tras otra, todas las puertas se le cerraban, a veces suavemente, y otras veces con un estampido, en las narices.
Por cada puerta que se le iba cerrando en las narices, tanto en el trabajo como en el amor, un vagón, negro y lleno de indeseables pasajeros (pensamientos negativistas, creencias catastrofistas, etc.) se iba añadiendo al primer vagón, creando un tren inmenso, color negro mate, que cada vez iba cogiendo más y más velocidad.
Pero Diego no se daba por vencido. Consciente de sus defectos, aunque exigente consigo mismo hasta extremos insospechables, sacaba fuerzas de la flaqueza, y con entereza cogía el toro por los cuernos. Alguna lágrima derramada por el camino, y vuelta a empezar, se volvía a levantar y seguía luchando, ahora con renovadas fuerzas, mientras que los días pasaban. Los días se transformaban en semanas, las semanas en meses y los meses en años, mientras que parecía que nada cambiaba, y el tren, más largo que nunca, iba cogiendo más y más vagones, más y más pasajeros indeseables, más y más velocidad.
Pero de repente algo cambió…apareció una aguja que desvió parte de los vagones. Una decisión arriesgada le llevó a un trabajo mucho mejor que el que tenía, y éste trabajo a otro, y a otro, y, tímidamente al principio, y luego de forma más descarada, la vida le abría las puertas. Pero el tren llevaba tal cargamento y velocidad, que era muchas veces imposible darse cuenta a tiempo del cambio de aguja, de la desviación/decisión que debía tomar, y por cada error que cometía, llegaba a un nuevo andén donde se le añadía un nuevo vagón, con nuevos y desagradables pasajeros.: miedos, desesperación, etc.
Diego es un experto en aprender, siempre está aprendiendo cosas nuevas, y cuando el dolor es el maestro, se aprende más rápido, por lo cual aprendió rápido a reaccionar antes de cada cambio de aguja, de modo que fue conduciendo cada vez con más frecuencia al tren hacia andenes donde ir dejando cada uno de los vagones, y en cada parada la velocidad del tren iba disminuyendo más y más.
La vida le estaba dando a Diego una segunda oportunidad. Y al fin Diego se sentía en paz consigo mismo. Un día, por accidente, encontró una aguja especial, que le llevó a un andén de color rosa. En el cartel se podía leer.
ENHORABUENA. HAS LLEGADO AL ANDÉN DE LA “VISIÓN POSITIVA”. PASA POR TAQUILLA Y SE TE DARÁ UN REGALO.
Curioso y desconfiado, Diego se apea del tren y se acerca a la taquilla. Enseña su carné de identidad y se le entrega un paquete cilíndrico envuelto en un papel de regalo de color rosa. En su interior, hay un cilindro metálico de color bronce. Tiene una tapa de rosca. La abre. Dentro hay un pergamino muy antiguo. Lo saca, lo desenrolla y lo lee.
“A quien pueda interesar. Si estás aquí, significa que estás cansado de tu tren. Este es un mensaje de esperanza y a la vez un permiso de carga. Con este permiso, podrás cargar cuantos vagones de color rosa se te antoje. Pero antes tienes que ir eliminando uno a uno todos los vagones negros que tienes, salvo la locomotora. Cuando solo te quede la locomotora, enseña este pergamino en cualquier andén y ponte en contacto con el jefe para que te explique qué hacer con dicha locomotora”.
Y así, Diego se puso en marcha. Ahora tenía una misión: ir deshaciéndose de cada uno de los vagones, así como del pasaje que lleva. Aunque después de esa experiencia se equivocó alguna que otra vez y añadió unos pocos vagones más, su firme propósito y su voluntad, le permitieron deshacerse en menos de 2 años de los vagones restantes.
De nuevo en el andén donde recibió el pergamino, al que llegó por casualidad tras entregar el penúltimo vagón (podía enseñar el pergamino en cualquier andén), se bajó de la locomotora, pidiendo ver al jefe de la estación. Le encontró sonriente, con los brazos cruzados detrás del cuello.
- Te esperaba, Diego. Y me alegra que hayas venido tan pronto. Me ha conmovido tu tesón y perseverancia, tu férrea voluntad incluso bajo situaciones muy duras, te admiro porque, incluso en esas condiciones, tu locomotora ya no añadía tantos vagones como antes, e incluso aprendiste a deshacerte de ellos.
- Tengo un par de preguntas que hacerle - Pregunta Diego, educadamente a pesar de su agotamiento – En primer lugar, ¿quién es usted y de qué me conoce? ¿En segundo lugar, qué debo hacer con el vagón que resta?
- Sé que tienes muchas preguntas, pero tuya, es, también la única respuesta, respondió el jefe de máquinas con una sonrisa en la boca, de oreja a oreja, mientras ponía los pies sobre la mesa de su despacho. ¿Quién crees que soy?
- ¿El jefe de máquinas?
- Frío, frío
- ¿El dueño de la empresa?
- Bueno, ya te vas calentando un poquito.
- Bueno, me rindo…
- ¿Seguro que te rindes?
- Sí
- Lo dudo. ¿No quieres intentarlo de nuevo?
Iba a decir que no estaba para jueguecitos de este tipo y que ya había perdido tiempo más que suficiente, que quería la respuesta ya o se iría y ya buscaría cómo y dónde deshacerse del maldito vagón que le quedaba…
- Mala idea…
- ¿Qué idea? ¿A qué te refieres?
- No puedes deshacerte del vagón, no sin pagar un muy alto precio…
- ¿Cuál?
- Tu propia vida.
- ¿Por qué?
- Porque ese vagón es tu voluntad, y la caldera es tu corazón.
- Y entonces tú…
- Sí
- No puede ser.
- Soy tú. Al menos la parte de ti mismo con la que años atrás interrumpiste el contacto. Llámalo alma, espíritu, quintaesencia, etc. Pero soy tú. Y estoy muy orgulloso de que, pese a los múltiples obstáculos que has tenido, hayas aprendido a deshacerte de toda esa carga del pasado, de todos esos pasajeros indeseados: creencias limitantes , pensamientos distorsionados, miedos, ansiedades, etc. La vida no te lo ha puesto nada fácil, ambos lo sabemos. Cuanto más negativo es uno, más le dan la espalda los demás, más solo se ve, y más y más negativo se vuelve, reforzando el círculo vicioso hasta niveles altamente tóxicos e intolerables. Pero tu voluntad ha obrado el milagro y te ha puesto aquí, donde estás. Ah…y mira por la ventana…
- N-no, no puede ser, es imposible…
- Pues sí. Es posible. La fuerza de voluntad puede obrar todos los milagros que necesitas.
Ante sus ojos, el vagón se convirtió en un caballete, con un lienzo en blanco y un maletín abierto en el suelo, repleto de óleos, acuarelas, etc. Y una paleta de pintor.
- Y todo esto…¿para qué?
- Para comenzar, Diego. Te has caído y te has levantado. Tú mismo te añadiste gratuitamente cada uno de esos vagones, y por cada vagón que añadías, más probabilidad había de que añadieras otro, y otro, y otro, llevado por las lamentaciones, el victimismo, etc….parecía que no tenías salvación…
- Pero apareciste tú y me diste este pergamino…
- ¿Es que acaso pensabas que te iba a dejar ahogar en el agujero negro en que te ibas a meter de cabeza? Yo soy la muestra de que dentro de ti hay mucho más de lo que crees, aunque no lo veas ni seas capaz de valorarlo en su justa medida. Si lo hicieras, muchos de tus males actuales desaparecerían…sólo necesitabas un pequeño empujón, una pequeña esperanza, pero te lo merecías sobrada mente, este pequeño gesto mío es algo minúsculo en comparación con el esfuerzo titánico que has hecho.
- ¿Cómo cuáles, por ejemplo? , preguntó Diego curioso.
- ¿Cuáles qué…?
- Te preguntaba que cuáles de esos males actuales desaparecerían, porque lo pintas muy fácil…y quiero creerte, pero..
- Mantén tu pensamiento positivo, o volverá a aparecer el tren de negro, jajajaja. Cuando te dije lo de los males, me refería, por ejemplo a la asertividad, o mejor dicho, a la falta de ella; siendo consciente de tu verdadero potencial y de tu valía, no tolerarás situaciones que no te aporten nada positivo, ni abusos, engaños o mentiras, siendo capaz de ponerles freno de forma firme y elegante a la vez.
- Ya, pero…
- Sí, esto es solo una muestra, un comienzo. Cada día se te dará un lienzo en blanco nuevo y algo de material, y tienes la oportunidad de pintar tu vida, de dibujar lo que quieres que te suceda. Aquello que imagines, ocurrirá. Porque cada día es un lienzo en blanco.
- No me lo creo…
- Entiendo tus dudas, pero ponme a prueba…
- De acuerdo – dice Diego, mientras sale del despacho y luego baja los escalones. Va hacia donde está el lienzo. Ahora ya no está en ningún andén, sino en medio de un jardín inmenso, y en donde antes había un edificio de oficinas, hay un hermoso e inmenso castillo medieval bien conservado pese a los siglos…Diego se vuelve para atrás al llegar al lienzo y se queda boquiabierto al darse cuenta del cambio de escenario…pero se concentra en el lienzo. Algo, un ímpetu repentino y muy intenso le empuja a dibujar…y, aunque los trazos parecen sucederse sin orden ni concierto, al final el dibujo toma forma. Ve al “jefe de máquinas” acercarse y le enseña el lienzo. El “jefe de máquinas” se ríe a carcajadas, y contagia a Diego.
El dibujo del lienzo es un tren de color rosa, con miles de vagones, que, en su recorrido, dibuja diferentes letras, componiendo el siguiente mensaje…”Érase una vez un tren”.
lunes, 15 de junio de 2009
Sobre el rencor
He de admitir que si hay un defecto que ha limitado mis relaciones con los demás es que durante todos estos años he actuado como una persona rencorosa. No es fácil admitirlo ni me siento orgulloso de ello, como tampoco pretendo justificarlo cuando digo que otras personas que me han criticado de “rencoroso” o “vengativo” luego han actuado de un modo tanto o más rencoroso o vengativo que yo, en respuesta a un daño recibido de otras personas, o incluso de mí, siendo yo testigo de cómo esas personas luego enmascaraban su ánimo vengativo en forma de ejercicio de “derechos asertivos”, pero mal disimulando que en verdad era rencor puro y duro, solo que, como esas personas no se veían a sí mismas como rencorosas, tenían que creerse su mentira disimulando sus impulsos vengativos con más mentiras, porque se veían demasiado perfectos/as a sí mismos/as como para verse rencorosos/as, ignorando, de paso, otros defectos.
Sin pretender justificar mis faltas, nombro esas personas porque gracias a ellas estoy aquí, porque creo que admitir un problema es el primer y más importante paso para resolverlo, y porque creo que hay más personas igual que yo, aquejadas de tan importante mal, porque no es fácil padecerlo, supone un importante esfuerzo y desperdicio de energía mental, a la par que un sufrimiento mantenido en el tiempo. Y quizás otras personas que por casualidad o causalidad se encuentren con este blog, puedan sentirse identificadas con mi reflexión, e, incluso, que algo en estas palabras le ayude a encontrar algo de luz en su camino.
En primer lugar, hay que definir el problema:
¿QUÉ ES EL “RENCOR”?
rencor. (De rancor).
1. m. Resentimiento arraigado y tenaz.
Tal como dicta la Real Academia Española de la Lengua, es un “resentimiento” arraigado, es decir, permanente en el tiempo, y tenaz, que no cesa.
resentimiento.
1. m. Acción y efecto de resentirse.
resentirse.
1. prnl. Empezar a flaquear (‖ debilitarse).
2. prnl. Tener sentimiento, pesar o enojo por algo.
3. prnl. Sentir dolor o molestia en alguna parte del cuerpo, a causa de alguna enfermedad o dolencia pasada.
La segunda definición es la que más correctamente se ajusta al tema que hoy me ocupa: “tener sentimiento, pesar o enojo por algo”.
Entonces…¿qué significa RENCOR?, o, mejor dicho, ¿qué implica?
a) Implica una respuesta mantenida en el tiempo a un daño puntual o sostenido en el tiempo, previamente recibido o sufrido;
b) Implica memoria, porque hay que realizar un esfuerzo mental para seguir manteniendo las ganas de “tomarse la revancha” aun después de que uno/a ya se ha “enfriado” y piensa las cosas con más calma.
c) Implica frialdad, porque supone guardárselas a alguien que quizás vemos todos los días y que no sabe la que se viene encima, e incluso algo de hipocresía, o a veces mucha, dependiendo de los casos, porque “la venganza es un plato que se sirve bien frío”.
d) Implica paciencia, porque pueden transcurrir meses, años incluso, entre el daño recibido y el momento propicio para responder.
e) Implica perder mucho, muchísimo tiempo manteniendo abierta una herida que uno/a se niega a dejar que cicatrice de forma natural.
f) Implica hacerse un daño gratuito y absurdo, al meter el dedo en la llaga, y pretender mantener abierta una herida que debería cerrar por sí sola.
g) Implica perderse muchísimas experiencias positivas que la vida pone en nuestro camino y que literalmente uno no ve, o ignora, cegado en el empeño de “vengar” un daño recibido, tan ciego que uno no ve el daño que se está haciendo a sí mismo/a y que debería ser un daño EVITABLE, es decir, que, pretendiendo hacer pagar a otro/a por un daño que nos ha hecho, y que incluso pudo haber sido sin querer, uno se hace a sí mismo un daño gratuito e injustificado. Implica perderse muchos momentos únicos de felicidad, y muchísimas oportunidades de ser feliz.
Asimismo, cabría preguntarse…¿qué no implica el RENCOR?
a) No implica que la persona destino de nuestra “respuesta rencorosa” sepa la razón por la cual uno/a ha actuado de ese modo, al transcurrir tanto tiempo entre el daño y la respuesta, por lo que no relaciona causa con efecto, y es muy difícil que aprenda de ese modo que lo que nos ha hecho duele, que nos ha hecho daño.
b) Tampoco implica que esa persona pueda sentir comprensión hacia nosotros, así como culpa, arrepentimiento o vergüenza por lo que ha hecho; es más, dado que ha pasado tanto tiempo entre el daño que ha hecho, y el daño que ha recibido a su vez, incluso es posible que esa persona se desquite a su vez de nosotros, que se vengue del daño que le hemos hecho, iniciando una cadena creciente de daños que, de no pararse a tiempo, podría tomar trágicas consecuencias. Y si hay que pararla, es cuando se está comenzando a gestar, luego ya es muchísimo más complicado, porque uno mismo se ciega y cada una de las partes afectadas solo piensa en devolver el daño recibido.
Defiendo la asertividad como una opción saludable al rencor, una opción que lleva a decir a la otra persona: “Me has hecho daño”, “Lo que has hecho, me duele”, si no al momento, porque la ira puede hacer acto de presencia a través de las palabras, y podemos conseguir que hagamos hablando un daño mayor del que hemos recibido, sí, al menos, cuando uno se haya calmado. Yo no creo que la alternativa a ser rencoroso sea convertirse en una persona que se deja pisotear, manipular y lastimar por todo el mundo para evitar sacar su parte rencorosa. Creo en la firmeza de carácter, y, aunque sé que, cuando uno está ya enfriado cuesta mucho más hablar con la persona implicada del daño que nos ha hecho, sí que es mucho más efectivo que callar y sembrar en lo más profundo de nuestra consciencia una semilla más de rencor, que crecerá luego exponencialmente.
Ser asertivo cuesta esfuerzo y energías, supone un enorme trabajo personal adquirir esta habilidad social, si no se nace con ella, algo que es poco común, pero es necesaria, porque es la opción más efectiva y saludable al rencor, y porque reporta, junto con el perdón, la liberación de un lastre tan pesado como prescindible o inútil.
Para finalizar, y como resumen, hablando de forma “sanamente egoísta”, creo que, cuando se sufre un daño, y aunque suponga al principio el trabajo titánico de resistir el impulso de la venganza (luego, al convertirse en un hábito interiorizado, la tentación de la venganza se vuelve más suave y más fácil de resistir), es más conveniente y efectivo hablar con la persona implicada sobre el daño que nos ha causado, de forma asertiva y firme, pero abierto/a a aceptar las disculpas y perdonar, abierto/a, asimismo, a intentar ponerse en el lugar de la otra persona y comprender la razón que le/a llevó a tomar tal decisión, siempre consciente de que quizás esa otra persona que ha hecho un daño podría ser uno/a mismo/a y que merece la misma oportunidad que nosotros/as pediríamos si estuviéramos en su lugar.
Sin pretender justificar mis faltas, nombro esas personas porque gracias a ellas estoy aquí, porque creo que admitir un problema es el primer y más importante paso para resolverlo, y porque creo que hay más personas igual que yo, aquejadas de tan importante mal, porque no es fácil padecerlo, supone un importante esfuerzo y desperdicio de energía mental, a la par que un sufrimiento mantenido en el tiempo. Y quizás otras personas que por casualidad o causalidad se encuentren con este blog, puedan sentirse identificadas con mi reflexión, e, incluso, que algo en estas palabras le ayude a encontrar algo de luz en su camino.
En primer lugar, hay que definir el problema:
¿QUÉ ES EL “RENCOR”?
rencor. (De rancor).
1. m. Resentimiento arraigado y tenaz.
Tal como dicta la Real Academia Española de la Lengua, es un “resentimiento” arraigado, es decir, permanente en el tiempo, y tenaz, que no cesa.
resentimiento.
1. m. Acción y efecto de resentirse.
resentirse.
1. prnl. Empezar a flaquear (‖ debilitarse).
2. prnl. Tener sentimiento, pesar o enojo por algo.
3. prnl. Sentir dolor o molestia en alguna parte del cuerpo, a causa de alguna enfermedad o dolencia pasada.
La segunda definición es la que más correctamente se ajusta al tema que hoy me ocupa: “tener sentimiento, pesar o enojo por algo”.
Entonces…¿qué significa RENCOR?, o, mejor dicho, ¿qué implica?
a) Implica una respuesta mantenida en el tiempo a un daño puntual o sostenido en el tiempo, previamente recibido o sufrido;
b) Implica memoria, porque hay que realizar un esfuerzo mental para seguir manteniendo las ganas de “tomarse la revancha” aun después de que uno/a ya se ha “enfriado” y piensa las cosas con más calma.
c) Implica frialdad, porque supone guardárselas a alguien que quizás vemos todos los días y que no sabe la que se viene encima, e incluso algo de hipocresía, o a veces mucha, dependiendo de los casos, porque “la venganza es un plato que se sirve bien frío”.
d) Implica paciencia, porque pueden transcurrir meses, años incluso, entre el daño recibido y el momento propicio para responder.
e) Implica perder mucho, muchísimo tiempo manteniendo abierta una herida que uno/a se niega a dejar que cicatrice de forma natural.
f) Implica hacerse un daño gratuito y absurdo, al meter el dedo en la llaga, y pretender mantener abierta una herida que debería cerrar por sí sola.
g) Implica perderse muchísimas experiencias positivas que la vida pone en nuestro camino y que literalmente uno no ve, o ignora, cegado en el empeño de “vengar” un daño recibido, tan ciego que uno no ve el daño que se está haciendo a sí mismo/a y que debería ser un daño EVITABLE, es decir, que, pretendiendo hacer pagar a otro/a por un daño que nos ha hecho, y que incluso pudo haber sido sin querer, uno se hace a sí mismo un daño gratuito e injustificado. Implica perderse muchos momentos únicos de felicidad, y muchísimas oportunidades de ser feliz.
Asimismo, cabría preguntarse…¿qué no implica el RENCOR?
a) No implica que la persona destino de nuestra “respuesta rencorosa” sepa la razón por la cual uno/a ha actuado de ese modo, al transcurrir tanto tiempo entre el daño y la respuesta, por lo que no relaciona causa con efecto, y es muy difícil que aprenda de ese modo que lo que nos ha hecho duele, que nos ha hecho daño.
b) Tampoco implica que esa persona pueda sentir comprensión hacia nosotros, así como culpa, arrepentimiento o vergüenza por lo que ha hecho; es más, dado que ha pasado tanto tiempo entre el daño que ha hecho, y el daño que ha recibido a su vez, incluso es posible que esa persona se desquite a su vez de nosotros, que se vengue del daño que le hemos hecho, iniciando una cadena creciente de daños que, de no pararse a tiempo, podría tomar trágicas consecuencias. Y si hay que pararla, es cuando se está comenzando a gestar, luego ya es muchísimo más complicado, porque uno mismo se ciega y cada una de las partes afectadas solo piensa en devolver el daño recibido.
Defiendo la asertividad como una opción saludable al rencor, una opción que lleva a decir a la otra persona: “Me has hecho daño”, “Lo que has hecho, me duele”, si no al momento, porque la ira puede hacer acto de presencia a través de las palabras, y podemos conseguir que hagamos hablando un daño mayor del que hemos recibido, sí, al menos, cuando uno se haya calmado. Yo no creo que la alternativa a ser rencoroso sea convertirse en una persona que se deja pisotear, manipular y lastimar por todo el mundo para evitar sacar su parte rencorosa. Creo en la firmeza de carácter, y, aunque sé que, cuando uno está ya enfriado cuesta mucho más hablar con la persona implicada del daño que nos ha hecho, sí que es mucho más efectivo que callar y sembrar en lo más profundo de nuestra consciencia una semilla más de rencor, que crecerá luego exponencialmente.
Ser asertivo cuesta esfuerzo y energías, supone un enorme trabajo personal adquirir esta habilidad social, si no se nace con ella, algo que es poco común, pero es necesaria, porque es la opción más efectiva y saludable al rencor, y porque reporta, junto con el perdón, la liberación de un lastre tan pesado como prescindible o inútil.
Para finalizar, y como resumen, hablando de forma “sanamente egoísta”, creo que, cuando se sufre un daño, y aunque suponga al principio el trabajo titánico de resistir el impulso de la venganza (luego, al convertirse en un hábito interiorizado, la tentación de la venganza se vuelve más suave y más fácil de resistir), es más conveniente y efectivo hablar con la persona implicada sobre el daño que nos ha causado, de forma asertiva y firme, pero abierto/a a aceptar las disculpas y perdonar, abierto/a, asimismo, a intentar ponerse en el lugar de la otra persona y comprender la razón que le/a llevó a tomar tal decisión, siempre consciente de que quizás esa otra persona que ha hecho un daño podría ser uno/a mismo/a y que merece la misma oportunidad que nosotros/as pediríamos si estuviéramos en su lugar.
miércoles, 10 de junio de 2009
En todo momento se abre ante nosotros una serie de decisiones, y opciones entre las que elegir, pero esas elecciones están dictadas, incluso casi programadas, por un sistema de creencias inconsciente, que, como los antivirus de los ordenadores, debe ser actualizado cada día, porque las creencias en el cerebro funcionan igual que un virus en el ordenador o un virus en un organismo vivo: buscan la perpetuación de su información (sean bytes o cadenas de nucleótidos) sea como sea, incluso a expensas de arruinar el funcionamiento del organismo o aparato que le sirve de soporte y de "fotocopiadora" de su material "informativo" (sean bytes, o bien cadenas, tanto lineales como apareadas, de ADN o ARN).
Estos datos abren toda una serie de dudas e ideas, pero una en especial me llama la atención...¿qué pasa cuando no se actualizan las propias creencias? Como respuesta a esa pregunta, invito a toda persona que lea este blog, a que lea un cuento muy interesante y que me abrió los ojos al respecto, de Jorge Bucay, en el libro "Déjame que te cuente", se llama "El elefante encadenado".
Además, en ese cuento, se responde a otra pregunta semejante a la anterior...¿Qué ocurre cuando se deja mucho tiempo sin revisar una creencia? Que se convierte en un dogma de fe, en una creencia que ha cristalizado y limita el marco de opciones que una persona "ve" a su alcance. Es decir, que la persona puede tener miles de millones de opciones, pero sólo verá aquellas que su creencia le permitirá ver. Interesante, ¿no? Ésto convierte la famosa frase "Creo, porque veo" en otra, que, aunque increíble, no es menos cierta "Veo, porque creo". Las creencias limitan el propio mapa de la realidad y la percepción de las propias opciones y recursos al alcance, y esas creencias son las que nos marcan las líneas que no debemos pasar, o bien las disimulan, ya que se traducen en la elaboración propia e interiorización de diferentes valores y normas, que son las que, en definitiva, nos llevan a tomar las decisiones que tomamos.
Son muchas, muchísimas, las líneas que nos marcamos, líneas que decidimos no cruzar, de forma consciente o inconsciente, unas nos liberan, otras nos limitan, unas amplían nuestras opciones, otras las reducen, al principio de forma suave, imperceptible, para que nuestros sentidos, siempre alerta, no detecten el peligro implícito, y luego de forma más y más evidente y descarada, conforme la creencia que sustenta se va "afirmando" o convirtiendo en una "profecía autocumplida".
En esta ocasión, quiero plantear, como quien piensa en voz alta, una pregunta, una pequeña reflexión. ¿Dónde termina la autosuperación y comienza la no aceptación de uno mismo? Ahora mismo me vienen a la mente algunos de mis defectos, que no son pocos, como tampoco mis virtudes, y pienso en uno, me concentro en uno de ellos. Pienso...¿qué hago? ¿Superarme a mí mismo y convertir ese "defecto" en una virtud? Si lo hago, una parte de mi ser, aunque no sea buena, o yo no la vea como buena en mi situación actual, porque solo me reporta resultados negativos, está desapareciendo; estoy renunciando a una parte de mí que no acepto, que me niego a aceptar. ¿Dónde está la delgada línea que separa la superación personal y la aceptación de uno mismo? O aún mejor, ¿Están ambas opciones a ambos lados de una línea, o es solo una percepción mía algo distorsionada? En teoría, deberían estar al mismo lado de la misma línea;es más, lo lógico sería que la autosuperación acabe conduciendo a la autoaceptación...entonces, ¿dónde está el problema? Está en una sencilla pregunta…¿Por qué/quién estoy haciendo…? Si la persona por la que lo estoy haciendo soy yo, o para conseguir algún fin que redunde, directa o indirectamente en mi bienestar, estamos hablando de autosuperación. Pero cuando, haciendo un esfuerzo sincero, desvelamos las bellas máscaras con que cubrimos nuestras decisiones, revelando las verdaderas intenciones que las motivaban, vemos que aquello que hacemos no está enfocado en nosotros, sino en gustar a otra persona, aunque el precio a pagar sea anular o hacer desaparecer una parte de nuestro ser…la respuesta es clara: no solo nos estamos engañando (que no es poco) sino que nos hemos traicionado a nosotros mismos, y, sobre todo, nos revela que hay un problema de autoaceptación, por ende, de autoestima.
Estos datos abren toda una serie de dudas e ideas, pero una en especial me llama la atención...¿qué pasa cuando no se actualizan las propias creencias? Como respuesta a esa pregunta, invito a toda persona que lea este blog, a que lea un cuento muy interesante y que me abrió los ojos al respecto, de Jorge Bucay, en el libro "Déjame que te cuente", se llama "El elefante encadenado".
Además, en ese cuento, se responde a otra pregunta semejante a la anterior...¿Qué ocurre cuando se deja mucho tiempo sin revisar una creencia? Que se convierte en un dogma de fe, en una creencia que ha cristalizado y limita el marco de opciones que una persona "ve" a su alcance. Es decir, que la persona puede tener miles de millones de opciones, pero sólo verá aquellas que su creencia le permitirá ver. Interesante, ¿no? Ésto convierte la famosa frase "Creo, porque veo" en otra, que, aunque increíble, no es menos cierta "Veo, porque creo". Las creencias limitan el propio mapa de la realidad y la percepción de las propias opciones y recursos al alcance, y esas creencias son las que nos marcan las líneas que no debemos pasar, o bien las disimulan, ya que se traducen en la elaboración propia e interiorización de diferentes valores y normas, que son las que, en definitiva, nos llevan a tomar las decisiones que tomamos.
Son muchas, muchísimas, las líneas que nos marcamos, líneas que decidimos no cruzar, de forma consciente o inconsciente, unas nos liberan, otras nos limitan, unas amplían nuestras opciones, otras las reducen, al principio de forma suave, imperceptible, para que nuestros sentidos, siempre alerta, no detecten el peligro implícito, y luego de forma más y más evidente y descarada, conforme la creencia que sustenta se va "afirmando" o convirtiendo en una "profecía autocumplida".
En esta ocasión, quiero plantear, como quien piensa en voz alta, una pregunta, una pequeña reflexión. ¿Dónde termina la autosuperación y comienza la no aceptación de uno mismo? Ahora mismo me vienen a la mente algunos de mis defectos, que no son pocos, como tampoco mis virtudes, y pienso en uno, me concentro en uno de ellos. Pienso...¿qué hago? ¿Superarme a mí mismo y convertir ese "defecto" en una virtud? Si lo hago, una parte de mi ser, aunque no sea buena, o yo no la vea como buena en mi situación actual, porque solo me reporta resultados negativos, está desapareciendo; estoy renunciando a una parte de mí que no acepto, que me niego a aceptar. ¿Dónde está la delgada línea que separa la superación personal y la aceptación de uno mismo? O aún mejor, ¿Están ambas opciones a ambos lados de una línea, o es solo una percepción mía algo distorsionada? En teoría, deberían estar al mismo lado de la misma línea;es más, lo lógico sería que la autosuperación acabe conduciendo a la autoaceptación...entonces, ¿dónde está el problema? Está en una sencilla pregunta…¿Por qué/quién estoy haciendo…? Si la persona por la que lo estoy haciendo soy yo, o para conseguir algún fin que redunde, directa o indirectamente en mi bienestar, estamos hablando de autosuperación. Pero cuando, haciendo un esfuerzo sincero, desvelamos las bellas máscaras con que cubrimos nuestras decisiones, revelando las verdaderas intenciones que las motivaban, vemos que aquello que hacemos no está enfocado en nosotros, sino en gustar a otra persona, aunque el precio a pagar sea anular o hacer desaparecer una parte de nuestro ser…la respuesta es clara: no solo nos estamos engañando (que no es poco) sino que nos hemos traicionado a nosotros mismos, y, sobre todo, nos revela que hay un problema de autoaceptación, por ende, de autoestima.
Una muy delgada línea
En todo momento se abre ante nosotros una serie de decisiones, y opciones entre las que elegir, pero esas elecciones están dictadas, incluso casi programadas, por un sistema de creencias inconsciente, que, como los antivirus de los ordenadores, debe ser actualizado cada día, porque las creencias en el cerebro funcionan igual que un virus en el ordenador o un virus en un organismo vivo: buscan la perpetuación de su información (sean bytes o cadenas de nucleótidos) sea como sea, incluso a expensas de arruinar el funcionamiento del organismo o aparato que le sirve de soporte y de "fotocopiadora" de su material "informativo" (sean bytes, o bien cadenas, tanto lineales como apareadas, de ADN o ARN).
Estos datos abren toda una serie de dudas e ideas, pero una en especial me llama la atención...¿qué pasa cuando no se actualizan las propias creencias? Como respuesta a esa pregunta, invito a toda persona que lea este blog, a que lea un cuento muy interesante y que me abrió los ojos al respecto, de Jorge Bucay, en el libro "Déjame que te cuente", se llama "El elefante encadenado".
Además, en ese cuento, se responde a otra pregunta semejante a la anterior...¿Qué ocurre cuando se deja mucho tiempo sin revisar una creencia? Que se convierte en un dogma de fe, en una creencia que ha cristalizado y limita el marco de opciones que una persona "ve" a su alcance. Es decir, que la persona puede tener miles de millones de opciones, pero sólo verá aquellas que su creencia le permitirá ver. Interesante, ¿no? Ésto convierte la famosa frase "Creo, porque veo" en otra, que, aunque increíble, no es menos cierta "Veo, porque creo". Las creencias limitan el propio mapa de la realidad y la percepción de las propias opciones y recursos al alcance, y esas creencias son las que nos marcan las líneas que no debemos pasar, o bien las disimulan, ya que se traducen en la elaboración propia e interiorización de diferentes valores y normas, que son las que, en definitiva, nos llevan a tomar las decisiones que tomamos.
Son muchas, muchísimas, las líneas que nos marcamos, líneas que decidimos no cruzar, de forma consciente o inconsciente, unas nos liberan, otras nos limitan, unas amplían nuestras opciones, otras las reducen, al principio de forma suave, imperceptible, para que nuestros sentidos, siempre alerta, no detecten el peligro implícito, y luego de forma más y más evidente y descarada, conforme la creencia que sustenta se va "afirmando" o convirtiendo en una "profecía autocumplida".
En esta ocasión, quiero plantear, como quien piensa en voz alta, una pregunta, una pequeña reflexión. ¿Dónde termina la autosuperación y comienza la no aceptación de uno mismo? Ahora mismo me vienen a la mente algunos de mis defectos, que no son pocos, como tampoco mis virtudes, y pienso en uno, me concentro en uno de ellos. Pienso...¿qué hago? ¿Superarme a mí mismo y convertir ese "defecto" en una virtud? Si lo hago, una parte de mi ser, aunque no sea buena, o yo no la vea como buena en mi situación actual, porque solo me reporta resultados negativos, está desapareciendo; estoy renunciando a una parte de mí que no acepto, que me niego a aceptar. ¿Dónde está la delgada línea que separa la superación personal y la aceptación de uno mismo? O aún mejor, ¿Están ambas opciones a ambos lados de una línea, o es solo una percepción mía algo distorsionada? En teoría, deberían estar al mismo lado de la misma línea;es más, lo lógico sería que la autosuperación acabe conduciendo a la autoaceptación...entonces, ¿dónde está el problema? Está en una sencilla pregunta…¿Por qué/quién estoy haciendo…? Si la persona por la que lo estoy haciendo soy yo, o para conseguir algún fin que redunde, directa o indirectamente en mi bienestar, estamos hablando de autosuperación. Pero cuando, haciendo un esfuerzo sincero, desvelamos las bellas máscaras con que cubrimos nuestras decisiones, revelando las verdaderas intenciones que las motivaban, vemos que aquello que hacemos no está enfocado en nosotros, sino en gustar a otra persona, aunque el precio a pagar sea anular o hacer desaparecer una parte de nuestro ser…la respuesta es clara: no solo nos estamos engañando (que no es poco) sino que nos hemos traicionado a nosotros mismos, y, sobre todo, nos revela que hay un problema de autoaceptación, por ende, de autoestima.
Estos datos abren toda una serie de dudas e ideas, pero una en especial me llama la atención...¿qué pasa cuando no se actualizan las propias creencias? Como respuesta a esa pregunta, invito a toda persona que lea este blog, a que lea un cuento muy interesante y que me abrió los ojos al respecto, de Jorge Bucay, en el libro "Déjame que te cuente", se llama "El elefante encadenado".
Además, en ese cuento, se responde a otra pregunta semejante a la anterior...¿Qué ocurre cuando se deja mucho tiempo sin revisar una creencia? Que se convierte en un dogma de fe, en una creencia que ha cristalizado y limita el marco de opciones que una persona "ve" a su alcance. Es decir, que la persona puede tener miles de millones de opciones, pero sólo verá aquellas que su creencia le permitirá ver. Interesante, ¿no? Ésto convierte la famosa frase "Creo, porque veo" en otra, que, aunque increíble, no es menos cierta "Veo, porque creo". Las creencias limitan el propio mapa de la realidad y la percepción de las propias opciones y recursos al alcance, y esas creencias son las que nos marcan las líneas que no debemos pasar, o bien las disimulan, ya que se traducen en la elaboración propia e interiorización de diferentes valores y normas, que son las que, en definitiva, nos llevan a tomar las decisiones que tomamos.
Son muchas, muchísimas, las líneas que nos marcamos, líneas que decidimos no cruzar, de forma consciente o inconsciente, unas nos liberan, otras nos limitan, unas amplían nuestras opciones, otras las reducen, al principio de forma suave, imperceptible, para que nuestros sentidos, siempre alerta, no detecten el peligro implícito, y luego de forma más y más evidente y descarada, conforme la creencia que sustenta se va "afirmando" o convirtiendo en una "profecía autocumplida".
En esta ocasión, quiero plantear, como quien piensa en voz alta, una pregunta, una pequeña reflexión. ¿Dónde termina la autosuperación y comienza la no aceptación de uno mismo? Ahora mismo me vienen a la mente algunos de mis defectos, que no son pocos, como tampoco mis virtudes, y pienso en uno, me concentro en uno de ellos. Pienso...¿qué hago? ¿Superarme a mí mismo y convertir ese "defecto" en una virtud? Si lo hago, una parte de mi ser, aunque no sea buena, o yo no la vea como buena en mi situación actual, porque solo me reporta resultados negativos, está desapareciendo; estoy renunciando a una parte de mí que no acepto, que me niego a aceptar. ¿Dónde está la delgada línea que separa la superación personal y la aceptación de uno mismo? O aún mejor, ¿Están ambas opciones a ambos lados de una línea, o es solo una percepción mía algo distorsionada? En teoría, deberían estar al mismo lado de la misma línea;es más, lo lógico sería que la autosuperación acabe conduciendo a la autoaceptación...entonces, ¿dónde está el problema? Está en una sencilla pregunta…¿Por qué/quién estoy haciendo…? Si la persona por la que lo estoy haciendo soy yo, o para conseguir algún fin que redunde, directa o indirectamente en mi bienestar, estamos hablando de autosuperación. Pero cuando, haciendo un esfuerzo sincero, desvelamos las bellas máscaras con que cubrimos nuestras decisiones, revelando las verdaderas intenciones que las motivaban, vemos que aquello que hacemos no está enfocado en nosotros, sino en gustar a otra persona, aunque el precio a pagar sea anular o hacer desaparecer una parte de nuestro ser…la respuesta es clara: no solo nos estamos engañando (que no es poco) sino que nos hemos traicionado a nosotros mismos, y, sobre todo, nos revela que hay un problema de autoaceptación, por ende, de autoestima.
domingo, 26 de abril de 2009
Interiorización
Interiorizar algo, un concepto, una idea, un aprendizaje, no es fácil. Hay muchas cosas que sabemos a nivel consciente, y, sin embargo, al no haberlas interiorizado, no han cambiado nuestra conducta. Por ejemplo, con el tabaco. La mayoría de los/as fumadores/as saben qué daños provoca el tabaco, tanto sobre ellos mismos como sobre todos/as los/as que están a su alrededor, y, sin embargo, siguen fumando...¿por qué? Pues por diversas razones que en el fondo apuntan al mismo hecho: no han interiorizado la gravedad de los daños que provoca el tabaco.
Todo aprendizaje pasa forzosamente por 4 pasos:
a) Incompetencia inconsciente = "No sé ni lo que no sé". En este paso, de duración variable, no se es consciente de que no se posee un determinado concepto o habilidad. Aquí la humildad juega un papel preponderante, puesto que sólo siendo humilde y reconociendo uno lo que no sabe, se puede aprender; por otro lado, el orgullo, y el ego son verdaderos enemigos del aprendizaje, y pueden hacer que esta fase se alargue mucho más de lo deseable y necesario.
b) Incompetencia consciente = "Ahora sé lo que no sé". En esta fase, se reconoce al fin que no se posee la habilidad/destreza/competencia, o no se sabe el concepto teórico. Este punto marca el inicio de un cambio, motivado por la necesidad de saber y aprender.
c) Competencia consciente = "Ahora sé lo que sé". En esta fase, a base de disciplina y de esfuerzo, se consigue adquirir la habilidad deseada o aprender el concepto que se desconocía. Muchos se conforman con esto y se estancan en este paso, pero si se sigue empeñado en reforzar esa habilidad, llega el momento en que ésta se automatiza, que pasa a estar bajo control del subconsciente y entonces, llegamos al siguiente y último paso...
d) Competencia Inconsciente = "No sé cuánto sé" En esta fase, la habilidad se ha convertido en una destreza automatizada que no necesita de nuestra atención consciente para ser realizada, sino que la hacemos incluso de forma refleja. Este ejemplo se ve muy bien ilustrado con las artes marciales, ya que, a base de aprender una técnica y repetirla varias veces, llega el momento en que, frente a un contrincante real o en un combate de entrenamiento, todas esas habilidades aprendidas fluyen por sí solas sin estar siquiera memorizándolas ni poniendo atención en ellas, sino como un acto reflejo.
Asimismo, cuando se aprende a conducir por primera vez un coche, se pasa igualmente por estas cuatro fases: primero, parece que es muy fácil conducir, e incluso nos confiamos un poco, pero enseguida nos damos cuenta de que esto va a requerir un poco más de atención y concentración. Luego se van dominando varias habilidades por separado (poner el cinturón, ajustarlo, ajustar los espejos, poner la llave en el contacto, poner el pie en el embrague, arrancar...) y, a base de repetir, podemos empezar a coordinar varias de ellas. Por último, y gracias a la práctica, llegamos al punto en que todas esas habilidades, al estar interiorizadas, se realizan de forma automática, sin tener que pensar en cada una de ellas.
La interiorización supone el último y más sublime de los pasos antes descritos, donde el aprendizaje pasa a ser algo más que una nueva conexión neuronal o combinación sináptica porque se funde con el organismo que aprende, y lo induce a cambiar su conducta, y su visión de la realidad. En ese momento, el nuevo conocimiento pasa a enriquecer al organismo que lo ha aprendido, o bien a envenenarlo, depende de qué habilidad o qué conocimiento ha interiorizado.
Si bien la asunción de la propia ignorancia sobre un concepto, o que no se posee una cierta capacidad o habilidad/destreza/competencia, puede suponer un desafío a la inteligencia y al propio ego, que sólo la paciencia, la disciplina y el esfuerzo pueden ayudar a superar, para adquirir todo aquél concepto o aquella habilidad de que se carece, lo cierto es que la interiorización supone un reto aún mayor, porque, una vez adquirida dicha habilidad o aprendido el concepto, el orgullo y el ego se ven reforzados y hacen todo lo posible por ponerlo difícil, por presentar batalla y generar una cierta resistencia, que puede ser mayor o menor según los casos, que impide o dificulta muchísimo la interiorización, porque parte del precepto de que ya se posee la habilidad...y claro..."si ya se posee la habilidad, ¿para qué perfeccionarla", y la razón es muy sencilla, toda habilidad que quede bajo control del subconsciente, se realiza de forma automática y se libera memoria de corto plazo, que puede ser utilizada para otros aprendizajes.
Todo aprendizaje pasa forzosamente por 4 pasos:
a) Incompetencia inconsciente = "No sé ni lo que no sé". En este paso, de duración variable, no se es consciente de que no se posee un determinado concepto o habilidad. Aquí la humildad juega un papel preponderante, puesto que sólo siendo humilde y reconociendo uno lo que no sabe, se puede aprender; por otro lado, el orgullo, y el ego son verdaderos enemigos del aprendizaje, y pueden hacer que esta fase se alargue mucho más de lo deseable y necesario.
b) Incompetencia consciente = "Ahora sé lo que no sé". En esta fase, se reconoce al fin que no se posee la habilidad/destreza/competencia, o no se sabe el concepto teórico. Este punto marca el inicio de un cambio, motivado por la necesidad de saber y aprender.
c) Competencia consciente = "Ahora sé lo que sé". En esta fase, a base de disciplina y de esfuerzo, se consigue adquirir la habilidad deseada o aprender el concepto que se desconocía. Muchos se conforman con esto y se estancan en este paso, pero si se sigue empeñado en reforzar esa habilidad, llega el momento en que ésta se automatiza, que pasa a estar bajo control del subconsciente y entonces, llegamos al siguiente y último paso...
d) Competencia Inconsciente = "No sé cuánto sé" En esta fase, la habilidad se ha convertido en una destreza automatizada que no necesita de nuestra atención consciente para ser realizada, sino que la hacemos incluso de forma refleja. Este ejemplo se ve muy bien ilustrado con las artes marciales, ya que, a base de aprender una técnica y repetirla varias veces, llega el momento en que, frente a un contrincante real o en un combate de entrenamiento, todas esas habilidades aprendidas fluyen por sí solas sin estar siquiera memorizándolas ni poniendo atención en ellas, sino como un acto reflejo.
Asimismo, cuando se aprende a conducir por primera vez un coche, se pasa igualmente por estas cuatro fases: primero, parece que es muy fácil conducir, e incluso nos confiamos un poco, pero enseguida nos damos cuenta de que esto va a requerir un poco más de atención y concentración. Luego se van dominando varias habilidades por separado (poner el cinturón, ajustarlo, ajustar los espejos, poner la llave en el contacto, poner el pie en el embrague, arrancar...) y, a base de repetir, podemos empezar a coordinar varias de ellas. Por último, y gracias a la práctica, llegamos al punto en que todas esas habilidades, al estar interiorizadas, se realizan de forma automática, sin tener que pensar en cada una de ellas.
La interiorización supone el último y más sublime de los pasos antes descritos, donde el aprendizaje pasa a ser algo más que una nueva conexión neuronal o combinación sináptica porque se funde con el organismo que aprende, y lo induce a cambiar su conducta, y su visión de la realidad. En ese momento, el nuevo conocimiento pasa a enriquecer al organismo que lo ha aprendido, o bien a envenenarlo, depende de qué habilidad o qué conocimiento ha interiorizado.
Si bien la asunción de la propia ignorancia sobre un concepto, o que no se posee una cierta capacidad o habilidad/destreza/competencia, puede suponer un desafío a la inteligencia y al propio ego, que sólo la paciencia, la disciplina y el esfuerzo pueden ayudar a superar, para adquirir todo aquél concepto o aquella habilidad de que se carece, lo cierto es que la interiorización supone un reto aún mayor, porque, una vez adquirida dicha habilidad o aprendido el concepto, el orgullo y el ego se ven reforzados y hacen todo lo posible por ponerlo difícil, por presentar batalla y generar una cierta resistencia, que puede ser mayor o menor según los casos, que impide o dificulta muchísimo la interiorización, porque parte del precepto de que ya se posee la habilidad...y claro..."si ya se posee la habilidad, ¿para qué perfeccionarla", y la razón es muy sencilla, toda habilidad que quede bajo control del subconsciente, se realiza de forma automática y se libera memoria de corto plazo, que puede ser utilizada para otros aprendizajes.
Etiquetas:
aprendizaje,
automatización,
interiorización
martes, 5 de junio de 2007
La utilidad de la culpa
¿Tiene utilidad la CULPA? ¿Sirve verdaderamente para algo?
¿Nos sentimos mejores si nos culpamos cuando hemos hecho mal? ¿Acaso nos creemos mejores personas, o "personas buenas" cuando nos castigamos por haber cometido un error?
¿Acaso hay alguna correlación real entre "ser buena persona" y la dureza y la crueldad con que uno mismo se castigue a si mismo cuando comete un error?
Se supone que la "culpa" sirve para que aprendamos de nuestros errores y no los repitamos más...pero si eso fuera así, si la culpabilidad cumpliera a rajatabla con su función, y aprendiéramos de todos nuestros errores...llegaría un momento en el que la propia "culpa" dejaría de ser útil. ¿qué pasaría entonces?
La culpabilidad es un monstruo, un virus mental que se nos inocula desde pequeños a través de la cultura, por aprendizaje vicario o por pura demagogia, como supuesto "valor moral"...¿qué supuesto "valor" tiene la culpabilidad?
La culpabilidad es un monstruo que se retroalimenta a si mismo, un virus mental, que, a pesar de deber su existencia al cometido de aprender de nuestros errores, no quiere realmente q ese cometido se haga realidad, porque dejaría de existir. En lugar de eso, se convierte en una excusa para autocastigarnos con la mayor crueldad posible, justificándonos con la excusa de un perfeccionismo q no hace otra cosa q ocultar un problema de aceptación personal.
¿No será el propio "perfeccionismo" un sintoma crónico de nuestra incapacidad de aceptarnos a nosotros mismos tal como somos? ¿Qué lugar ocuparía entonces la culpabilidad en esta incapacidad? ¿sería un cerebro estratega capaz de buscar las mejores formas para torturarnos y flagelarnos al menor error, provocándonos un castigo mucho más grave que el error cometido? ¿o sería simplemente un mero sicario, un matón capaz de acabar con nuestra autoestima a golpe de autocrítica mordaz, cruel y exagerada?
El perfeccionismo se nos ha inculcado como un valor positivo, en una sociedad cada vez más competitiva, en la que también se nos inculca que "o eres perfecto, o te pisan".
Yo propongo ver dicho perfeccionismo desde una nueva óptica, no solo compatible, sino complementaria de la tradicional, a modo de "reverso oscuro del perfeccionismo", o simplemente como "efecto secundario". Y es que, cuando no es generado por un problema de autoaceptación, que es lo más común, la prevalencia en el tiempo de los rasgos que definen el perfeccionismo, generan en quien los presenta, una discapacidad psíquica: la incapacidad de verse a si mismo tal como es en realidad, y aceptarse tal como es.
¿Hasta qué punto es positivo ser luchador, y aspirar a más, a mejorar? ¿Hasta qué punto es conveniente aspirar y luchar por ser alguien mejor si se corre el riesgo de que llegue el momento en que esa lucha sea por ser un alguien que no soy, y que quiera ser mejor simplemente por que no me acepto a mi mismo?
¿Nos sentimos mejores si nos culpamos cuando hemos hecho mal? ¿Acaso nos creemos mejores personas, o "personas buenas" cuando nos castigamos por haber cometido un error?
¿Acaso hay alguna correlación real entre "ser buena persona" y la dureza y la crueldad con que uno mismo se castigue a si mismo cuando comete un error?
Se supone que la "culpa" sirve para que aprendamos de nuestros errores y no los repitamos más...pero si eso fuera así, si la culpabilidad cumpliera a rajatabla con su función, y aprendiéramos de todos nuestros errores...llegaría un momento en el que la propia "culpa" dejaría de ser útil. ¿qué pasaría entonces?
La culpabilidad es un monstruo, un virus mental que se nos inocula desde pequeños a través de la cultura, por aprendizaje vicario o por pura demagogia, como supuesto "valor moral"...¿qué supuesto "valor" tiene la culpabilidad?
La culpabilidad es un monstruo que se retroalimenta a si mismo, un virus mental, que, a pesar de deber su existencia al cometido de aprender de nuestros errores, no quiere realmente q ese cometido se haga realidad, porque dejaría de existir. En lugar de eso, se convierte en una excusa para autocastigarnos con la mayor crueldad posible, justificándonos con la excusa de un perfeccionismo q no hace otra cosa q ocultar un problema de aceptación personal.
¿No será el propio "perfeccionismo" un sintoma crónico de nuestra incapacidad de aceptarnos a nosotros mismos tal como somos? ¿Qué lugar ocuparía entonces la culpabilidad en esta incapacidad? ¿sería un cerebro estratega capaz de buscar las mejores formas para torturarnos y flagelarnos al menor error, provocándonos un castigo mucho más grave que el error cometido? ¿o sería simplemente un mero sicario, un matón capaz de acabar con nuestra autoestima a golpe de autocrítica mordaz, cruel y exagerada?
El perfeccionismo se nos ha inculcado como un valor positivo, en una sociedad cada vez más competitiva, en la que también se nos inculca que "o eres perfecto, o te pisan".
Yo propongo ver dicho perfeccionismo desde una nueva óptica, no solo compatible, sino complementaria de la tradicional, a modo de "reverso oscuro del perfeccionismo", o simplemente como "efecto secundario". Y es que, cuando no es generado por un problema de autoaceptación, que es lo más común, la prevalencia en el tiempo de los rasgos que definen el perfeccionismo, generan en quien los presenta, una discapacidad psíquica: la incapacidad de verse a si mismo tal como es en realidad, y aceptarse tal como es.
¿Hasta qué punto es positivo ser luchador, y aspirar a más, a mejorar? ¿Hasta qué punto es conveniente aspirar y luchar por ser alguien mejor si se corre el riesgo de que llegue el momento en que esa lucha sea por ser un alguien que no soy, y que quiera ser mejor simplemente por que no me acepto a mi mismo?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
.jpg)